Los viernes en Enrico’s – Don Carpenter

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Los viernes en Enrico's - Don CarpenterLos viernes en Enrico’s es una novela sobre escritores; esto no es mucho decir, ni siquiera como resumen de la obra, pero es importante saberlo porque todo lo que ocurre en ella tiene que ver, de una forma intensa y emocional, con el acto de la creación y el proceso por el que se desencadena. Don Carpenter narra las vivencias durante las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX de un grupo de personas que, de una forma u otra, se dedican al oficio de contar historias; todos son escritores, pero cada uno lo es de una manera distinta: los hay pasionales, los hay convencidos, los hay interesados y los hay «por accidente». Y, sin embargo, todos ellos transmiten una energía desbordante que hace de esta novela un canto a la imaginación y la vida, aun cuando sea asimismo un elegía por una generación consumida por una sociedad volcada hacia el espectáculo.

En Los viernes en Enrico’s se narra la aspiración a la fama literaria de un grupo de personas muy diferentes entre sí. Como protagonistas casi absolutos tenemos a Charlie Monel y Jaime Froward, matrimonio que ha llegado a la escritura por diferentes caminos; ambos comparten la ambición de vivir de su trabajo y labrarse un nombre en el mundillo literario. Ellos dos, y algunos otros secundarios, retratarán una etapa llena de efervescencia creativa, drogas, fama, sueños y, por supuesto, fracaso.

Si bien la novela trata sobre algunos temas muy característicos de la narrativa estadounidense (castigo, redención, triunfo…), lo cierto es que la forma de acercarse a la psicología del creador es muy sutil, con una mirada a la vez tierna y sagaz a la personalidad de los distintos protagonistas y los problemas que se les plantean. Carpenter muestra a toda una generación de autores que se enfrentan a la necesidad de contar historias en un mundo en el que el foco de atención ha pasado de la letra impresa a la pantalla. La carrera de Charlie, por ejemplo, es la encarnación de un cambio generacional que vino acompañado de un proceloso cambio sociocultural: empeñado en narrar lo que lleva dentro, a lo largo de la novela le veremos debatirse contra las dificultades inherentes al proceso de escritura, para finalmente «caer en las redes» de la industria de Hollywood (calificada por uno de los personajes como «una casa de putas») como guionista.

Las diferencias entre la literatura y el cine no son más que otro elemento a añadir en la pléyade de miradas que surgen a lo largo del libro acerca de la escritura o el acto creativo. Tenemos a Charlie, que tiene un don innato para poner en palabras escenas o diálogos, pero que carece del temple para unificar sus ideas en una obra coherente; frente a él se erige la poderosa figura de Jaime, una joven que sufre lo indecible para volcar sobre el papel las historias que pasan por su cabeza, pero cuya capacidad para la organización la dota de un talento natural para terminar por convertirse en novelista profesional. Otros personajes aportan, a su vez, referencias sobre la idea de creación. Por ejemplo, Stan Winger, un ladronzuelo de poca monta que ve en la escritura una forma de redención, y que tiene la habilidad de plasmar «el lugar común» (en palabras de Charlie) con gran intensidad.

En torno a ellos se mueven algunos otros personajes relacionados con los elementos que rodean a las obras de arte: agentes, guionistas, profesores, directores de cine o editores. Y, como presencia constante, el anhelo creativo: como si fuera un personaje más, la pasión por la escritura y la literatura tiene un papel crucial en todos y cada uno de los acontecimientos de la novela. Aunque asistimos a amoríos, enfrentamientos o derrotas, la pasión última de todos y cada uno de los protagonistas es la narrativa; sus planes se trastocan y sus esperanzas se desvanecen, pero el poder de la literatura impregna todas sus decisiones.

En ese sentido, Los viernes en Enrico’s es una obra cuya sensibilidad es sutil, pero omnipresente. Los personajes hacen gala de unas emociones intensas, pero creíbles, provocando una empatía inmediata por parte del lector; la pasión que todos ellos sienten (si bien en diferentes formas) es contagiosa y verosímil. Aunque los detalles sean social y geográficamente distantes, el sentimiento que el autor vierte en ellos los transforma en universales; como en toda gran obra, la genialidad estriba en convertir unos hechos azarosos y específicos en un muestrario de la humanidad que atesoramos.

Es difícil transmitir la intensa vitalidad que derrocha esta novela, a pesar de la sensación persistente de derrota que domina las desventajas de estos personajes; unas derrotas que, lejos de definir sus vidas, les impelen a saborear el mundo con una mayor intensidad. Los viernes en Enrico’s es una obra generosa y dura, sensible y desoladora; una novela maravillosa que nadie debería perderse.

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