Mansfield Park – Jane Austen

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Mansfield Park - Jane AustenEn Mansfield Park se dan todos los elementos que hacen de las novelas de Jane Austen una lectura deliciosa: una protagonista desvalida, pero resuelta; un entorno agradable y tranquilo en el que transcurren las apacibles vidas de los personajes; una acción que tiene lugar de manera sutil, pero inflexible; y un elenco de personajes que representan varios modos de comportamiento y psicologías. Elementos todos ellos claramente decimonónicos, como es lógico, pero que la mano maestra de la autora inglesa consigue realzar hasta dotarlos de una viveza incontrovertible, logrando así que una historia muy local se constituya en metáfora universal.

En esta ocasión la historia gira en torno a la figura de Fanny Price, una joven de familia humilde cuyos tíos, los Bertram, unos parientes acomodados, deciden acoger como gesto de caridad para dotarla de una educación que la lleve a situarse en sociedad. La familia está constituida por dos hermanas, jóvenes fatuas y bobas, y dos hermanos, uno engreído y el otro prudente. Como vemos, las caracteres de los personajes están muy marcados y hay que reconocer que en muchas ocasiones sus acciones y palabras caen en el arquetipo más ramplón; quizá por ello Mansfield Park, siendo como es una gran novela, no está a la altura de otras obras de Austen en las que, a pesar de los estereotipos, la psicología de los personajes está mejor resuelta. En la novela veremos cómo la inteligencia y la humildad de Fanny la ponen en guardia ante la llegada a la vecindad de unos habitantes que pondrán en peligro la respetabilidad de los Bertram; y también cómo su perspicacia cae en saco roto entre los restantes miembros de la familia, con unas consecuencias que tardarán en desencadenarse, pero que serán inexorables.

Lo más reseñable de esta obra es el carácter de la protagonista. Al igual que ocurre en Emma, por ejemplo, Fanny constituye un icono de independencia, autonomía y resolución; a pesar de ser casi despreciada por algunos de sus primos, y en general poco tenida en cuenta dentro de Mansfield, su carácter humilde y silencioso esconde una personalidad fuerte, despierta y perceptiva. Una personalidad que se pone a prueba cuando recibe la petición de matrimonio del señor Crawford, un joven vividor que la corteja después de agotarse en la seducción de sus primas: Fanny advierte enseguida las intenciones ocultas del joven petimetre (que no revelaremos aquí para no estropear la lectura) y evita dar su consentimiento; esta acción desencadenará el enfado de su tío William, pero también la incomprensión de Edmund, su primo más joven y confidente cercano: ninguno de ellos, pese a su superior formación, es capaz de penetrar en el alma de las personas que les rodean y eso es algo que acarreará algunos reveses muy desagradables.

La independencia de Fanny no se pone de manifiesto con vehemencia, pero en algunos momentos su pensamiento y su discurso muestran a las claras la modernidad de sus ideas:

Yo habría pensado […] que toda mujer debía considerar la posibilidad, al menos, de que un hombre pueda no ser aprobado, no ser amado por alguien de nuestro sexo, por muy agradable que sea él. Aunque tuviera todas las perfecciones del mundo, creo que no debería darse por sentado que toda mujer haya de aceptar a un hombre por el hecho de que le resulte agradable.

Precisamente estas características la llevarán a comprender antes que nadie lo que termina ocurriendo, y al mismo tiempo a evitar caer en la trampa en la que el resto de personajes, de un modo u otro, acaban tropezando.

Mansfield Park es, sin duda, una novela magnífica, repleta de situaciones encantadoras y con personajes dignos de mención (como la abyecta tía Norris que hace la vida imposible a la protagonista); el único demérito que se le puede achacar es su tendencia al tópico en algunos de ellos, aunque el resultado final sea más que digno. Toda una delicia tanto para los amantes de Jane Austen como para los amantes de la gran literatura.

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3 Comentarios

  1. Pues sí, casi dos años después de adquirirlo, le ha tocado el turno a “Mansfield Park”; la verdad es que su situación en la balda superior de la biblioteca, – desventajas de la autora al tener un apellido con la letra inicial del abecedario – y la interminable lista de lecturas pendientes han influido mucho en el retraso de su lectura. Pero al final todo llega, o eso se intenta por lo menos.

    De entrada, para que no haya dudas, he de declarar mis preferencias: me siento un rendido admirador de los novelones decimonónicos. Y debo decir que tras leer “Mansfield Park” aún lo soy más. Puede alegarse en su contra, a los novelones me refiero, que rozan o caen de lleno en el estereotipo, que sus temas son manidos hasta la saciedad, que son previsibles y moralizantes en exceso, que sus protagonistas no pasan de ser, en ocasiones, meros juguetes manipulados por el azar,… Todo ello está muy bien, pero reconozcamos una cosa, que presentados por la pluma de Jane Austen son pura y llanamente deliciosos.

    No haré ni una sola referencia a la trama, la reseña apunta muy bien lo fundamental de ella, y a fin de cuentas, la historia, con ligeras variantes, la hemos vista ya en letra en otras ocasiones: familiares desvalidos, jóvenes petimetres y cínicos, heroínas y héroes inmarcesibles, personajes malevolentes, amores desgraciados, tristeza, risa, llanto, alegría… La vida condensada en unos cientos de páginas, así de sencillo, pero plasmarla con la simplicidad y sutileza de Jane Austen es harina de otro costal.

    Resulta aún más sorprendente constatar que la brillantez y agudeza de sus observaciones, siempre atinadas, y a veces irónicas y mordaces, se ubiquen en una sociedad casi prehistórica para nosotros, – “Mansfield Park” fue publicada en el año 1814, hace por tanto la friolera de dos siglos -; y que en aquellos tiempos alguien, además mujer, pudiera poner en boca de sus personajes ciertas reflexiones se antoja casi inaudito.

    “Con el debido respeto a los que ahora van a casarse, mi querida señora Grant, no hay uno entre cien, de uno u otro sexo, que no salga engañado en el matrimonio. Dondequiera que mire, veo que es así; y me doy cuenta de que tiene que ser así cuando pienso que es, de todas las transacciones, aquella en la que cada uno espera más del otro, y en la que uno mismo es menos honrado”.

    Por mucho menos, ahora, doscientos años después, chirrían los púlpitos de muchas iglesias.

    Pero tampoco cometamos el error de identificar a Jane Austen con el Anticristo, que ponga semejantes reflexiones en boca de la frívola Mary Crawford no significa que consiga escapar completamente a los grilletes de su época; otro personaje de la novela, su heroína Fanny Price, hará de perfecto contrapeso y aportará la sensatez y prudencia que el buen orden moral precisa. En mi opinión, Sr. Molina, aun a pesar de las virtudes que adornan a la citada protagonista, – las que bien apuntas y algunas más -, llega un momento en que es precisamente ese dechado de bondades lo que la convierte en una figura algo meliflua y empalagosa, – su reacción al furor artístico que invade Mansfield Park en ausencia de sir Thomas Bertram y las resignadas renuncias a diversiones deseadas resultan un pelín fingidas -. Después de todo no hay que olvidar que tiene solo dieciocho años, aunque parezca ya la copia de Samuel Johnson.

    Sea como fuere, el hilvanado de la trama, basada siempre en lo cotidiano, y la suavidad y dulzura con que se nos llega convierte, como ya he dicho antes, “Mansfield Park” en un auténtico deleite, y para que el lector no caiga en el amodorrante letargo de la placidez ahí está, de vez en cuando, la prosa de afilados colmillos de Jane Austen, la reflexión acertada e incisiva que hace regresar de inmediato a la realidad.

    Una lectura tremendamente placentera que colma las expectativas de cualquiera.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

    • Por fin coincidimos en algo, Miguel… 🙂

      La verdad es que Jane Austen es una de mis escritoras favoritas (hombre o mujer, de igual, que al usar el femenino puede parecer que restrinjo por género). Y lo es no sólo por su talento narrativo, ya que también soy rendido admirador, como tú, de los «novelones» decimonónicos; sino, sobre todo, por su frescura, por su actualidad, por su sentido común. Hay más modernidad en Emma o en Orgullo y prejuicio que en muchas novelas actuales, ya sea hablando del matrimonio, de las relaciones personales o de la sociedad en su conjunto.

      Por supuesto, el entorno y la época no dejan de tener su importancia y su peso, de ahí que, como bien apuntas, la autora cometa excesos en algunos pasajes y «sobrecargue» a algunos personajes con rasgos impropios o exagerados. Quizá por muy liberales y modernas que fuesen sus opiniones, Austen no pudiese sustraerse del sentimentalismo de las novelas de corte romántico de su tiempo.

      Un placer, como siempre, tenerte comentando por aquí.

      Saludos.

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