Mantícora – Robertson Davies

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Mantícora - Robertson DaviesTras el fabuloso comienzo de la trilogía de Deptford, El quinto en discordia, Robertson Davies dio una vuelta de tuerca impresionante con Mantícora, el segundo volumen de la obra. Si en la primera parte era Dunstan Ramsay quien narraba la historia de su relación con Boy Staunton y las vicisitudes que sufrían algunos habitantes del pueblo, ahora es David Staunton, el primogénito de Boy, quien narra sus experiencias vitales a una psiquiatra en su consulta de Zúrich.

Algo tan aparentemente trivial como es un tratamiento psicológico se convierte en un despliegue literario de inventiva e inteligencia; Davies tiene una facultad asombrosa para imbricar los más diversos temas dentro de su narrativa, por lo que las sesiones a las que se somete David tienen una verosimilitud que, de puro realista, impresiona. Uno rara vez ha tenido entre manos una novela en la que la sensación de verosimilitud, de que lo que está ocurriendo pudiera darse en la vida real, sea tan lograda; puede que haya obras en las cuales esa realidad se consiga mediante una representación fiel (y formal) de lo que se tiene ante los ojos, pero es muy difícil recrear esa sensación mediante una creación imaginativa. Robertson Davies lo hace con una facilidad envidiable, con una escritura sencilla, de apariencia plana, pero cargada de matices.

Las confesiones terapéuticas de David sirven para fraguar la historia de los Staunton desde el punto de vista privilegiado de uno de sus miembros. El Boy Staunton que aparecía en El quinto en discordia como un hombre hecho a sí mismo, aunque carente de escrúpulos, se revela aquí como un empresario feroz, pagado de sí mismo, características propias de un personaje de ese jaez, pero también como una persona inteligente, emprendedora, preocupada por las mejoras que su potencial pueda otorgar a su país.

Como ocurría en el primer volumen, el personaje central de Mantícora se enfrenta a un desequilibrio interno que afecta a todos sus actos. David Staunton admira a su padre, le toma como ejemplo de lo que un hombre puede llegar a hacer si dispone de una energía sin límites y un coraje emprendedor; no obstante, la figura paterna termina por ahogar al hijo, cuyos pasos en su adolescencia terminarán por alejarle del todo de lo que Boy esperaba de él. La vuelta de tuerca de Davies en la novela es muy sutil: la terapia a la que se somete el protagonista a raíz de la muerte de su padre no sólo sirve para que el lector «descubra» al verdadero David, sino para que la figura de Boy Staunton gane en profundidad, añadiendo estos detalles a los que ofrecía Dunstan Ramsay en “El quinto en discordia“.

Muy pronto nos damos cuenta de que la muerte del magnate canadiense es simplemente la excusa de la que se sirve Robertson Davies para escribir una novela (tres, a decir verdad) que encare las luchas que todo ser humano sufre en su interior. Si en el primer libro era el profesor Ramsay el que, mediante una confesión de su puño y letra, se nos mostraba como un hombre dividido entre su abnegación (por la madre de Paul Dempster, por sus alumnos) y su desafección ante el mundo, Mantícora pone en la picota a los Staunton, una familia de personajes desgraciados: ricos, pero cargados de frustraciones personales. La verdadera maestría del autor se vislumbra cuando los demonios interiores salen a relucir, cuando nos damos cuenta de que David se ha convertido en un profesional reputado y adinerado sólo para huir del fantasma de su padre; Robertson Davies consigue sacar a la luz, mediante el recurso de recrear unas sesiones de terapia psicológica, los miedos, los deseos, las culpas y los remordimientos del protagonista; todo de una forma muy sutil, mediante pequeños avances casi imperceptibles a lo largo de la lectura, pero que están ahí, hábilmente ocultos entre las páginas.

Cabe resaltar una pequeña fisura en Mantícora: dado que el libro se inserta en una trilogía (esto es, un proyecto de mayor alcance en tanto proyecto literario) resulta algo cogido por los pelos el presentar como personaje protagonista a David, ya que su importancia personal se diluye en la trama general, la muerte de Boy Staunton (si bien, como ya he comentado, esa trama es apenas un reclamo o añagaza para hablar sobre otros temas bien diferentes), sin que resulte especialmente reseñable su aparición. De hecho, en El quinto en discordia apenas se le menciona, y en “El mundo de los prodigios” ni siquiera aparecerá. Aun con todo, el desarrollo de la novela es tan soberbio en cuanto a la estructura, que incluso estos detalles pasan desapercibidos.

Será en El mundo de los prodigios, no obstante, donde descubramos el porqué de la muerte del magnate y su importancia en la trama de esta trilogía de Deptford.

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5 Comentarios

  1. A mí me parece genial Mantícora, especialmente interesante, incluso más de lo que pudiera parecer si la historia la contase el propio Boy Stauton. El hecho de sacar de contexto la trama principal de El quinto en discordia, a través del hijo de Boy Stauton me parece de una agudeza genial, ya que permite apreciar la personalidad del propio Stauton visto desde fuera, a través del análisis que hace su hijo sobre la figura de su padre, y sus relaciones con el abuelo, madre, madastra, hermana, etc consiguiendo que los mismos personajes no terminen por cansarnos y dando a la personalidad de Boy Stauton una perspectiva más profunda y extensa, y desde luego menos subjetiva que si lo relatase él personalmente.

  2. Es magnética la manera en que Davis traza esta trilogía, cada párrafo contiene más información de la que resalta en al superficie. Una delicia. Aunque secundo vuestra postura de que, aunque David termina por perfilarse como un personaje muy complejo e interesante, quizás está un poco fuera de la trama general, cosa que me cuesta creer que el titán de Robertson Davis no haya sopesado.
    Por otro lado y aunque pueda resultar fácil o previsible ¿no habría sido colosal un relato desde el punto de vista de Boy Staunton, completando así el trío protagonista?

  3. Después de haber leído la trilogía entera no comparto el entusiasmo que aquí se refleja. La primera novela sí me pareció excelente, pero Mantícora me decepcionó, al principio se me caía de las manos. Luego remontó el vuelo y ya pude disfrutar de su lectura. No sé, me parece que elegir el punto de vista del hijo para contar la historia del padre deja a éste en la penumbra, cuando la verdad es que es el personaje menos interesante de los tres que comparten la historia. Mes y medio después de haber leído el libro no guardo en la memoria la imagen de David (a lo mejor son los años). El conjunto se resiente del mal acabado de esta segunda parte. La tercera, El mundo de los prodigios, sí recupera el nivel de la primera novela: Magnus y Liesl son personajes muy bien construidos.

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