Mediocre – David Barreiro

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Mediocre es uno de esos títulos que pasarán desapercibidos por librerías (no digamos ya por suplementos ¿culturales?) y que, a pesar de alguna carencia, constituye un más que digno ejemplo de lo que la literatura contemporánea puede dar de sí. David Barreiro ha escrito una novela honrada y comprometida sin renunciar al humor y al entretenimiento, una novela moderna en un sentido social, si bien puede que no tanto desde un punto de vista estético (punto éste muy discutible, sin embargo).

El libro nos introduce en la vida de David, un treinteañero que trabaja como becario/ayudante en la redacción de una revista gastronómica de un gran grupo de comunicación. Asistimos a los días que anteceden a su posible firma de un contrato indefinido, lo cual significa un importante hito en su vida. Entretanto, sus relaciones con compañeros, familia y novia parecen atravesar un momento de inflexión sustancial, que pone al protagonista en una situación compleja.

Este resumen, plagado de clichés, no es más que la superficie de lo que ofrece Mediocre; un título, por cierto, que indica bien a las claras lo que ocurre en la vida de David. Mientras se refugia en su ciudad de adopción —un Madrid tan cálido en lo sentimental como gélido en lo urbano—, el protagonista contempla casi de forma pasiva el alejamiento de los demás, el trato deshumanizado al que parecen abocarnos nuestras impostadas relaciones sociales; su esperanza de estabilidad es tan ilusoria como el resto de deseos, compuestos en verdad por tópicos que sólo existen por la cantidad de veces que han sido repetidos. David sabe que su vida funciona en piloto automático y que su soledad (interpretada en ocasiones casi como misantropía) es una consecuencia ineludible del tejido social en el que se ha instalado.

Barreiro consigue acercarnos a una existencia vivida con muy poca pasión: quizá no sólo por la actitud de David, (cobarde a veces, imperturbable casi siempre), sino sobre todo por la frialdad de un mundo que juzga en función del éxito social. Exponente perfecto de ello, por ejemplo, es Nuria, su novia, que se ve deslumbrada por un compañero de estudios a quien admira por su encanto cosmopolita y facundo; o César, el insoportable periodista que se encarga de evaluarle y que se consagra a su trabajo sólo por la cantidad de cócteles gratuitos a los que puede asistir. La personalidad socarrona del protagonista trata de marcar distancias con todo ello, pero la cierto es que la vida (parece decirnos el texto) le empuja a esas relaciones, y no parece quedar más remedio que aceptarlas o enfrentarse a ellas. David, perdedor nato (con todo lo honroso que ese adjetivo puede conllevar), claudicará ante ello, pero siempre sabiendo que no olvida lo que verdaderamente ocurre:

… un gusano de esparto vaga por mi estómago para que no me olvide de que ese contrato indefinido esconde no solo quince pagas anuales y una cesta de navidad, sino también una goma que irá borrando los poemas, los amigos y el amor que […] sigue habitando en la almohada junto al resto de pesadillas cotidianas.

En general, Mediocre está construida con un estilo irónico muy efectivo, con los pensamientos del protagonista exponiendo su visión desoladora de lo que acontece. Se intercalan unos capítulos en forma de poema (supuesta obra de David) que, a pesar de constituir un contrapunto curioso en lo estilístico, al que suscribe le produjeron un efecto contrario, ya que creo que rompen el ritmo narrativo y no aportan un contenido lírico sustancioso. Con todo, la sinceridad del discurso del narrador y su apego a una realidad cotidiana (y no muy tratada hoy por hoy) hacen de Mediocre una lectura agradecida, recomendable y esperanzadora.

3 Comentarios

  1. Una novela en la que la mayoria de los jovenes nos podemos sentir identificados.Tiene mucho de real y poco de ficción. Recomendable 100%

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