No tengo el placer – Sergio Algora

2
1064

No tengo el placer - Sergio AlgoraEs difícil hacer un comentario sobre No tengo el placer, el último y póstumo libro de relatos de Sergio Algora. Difícil porque esta colección de relatos se mueve en el territorio de lo onírico, de la imaginación apabullante y del surrealismo más disparatado. Su autor teje un entramado complejo y privado poblado por personajes solitarios, incomprendidos e incomprensibles.

Tanto es así que algunos de los relatos son casi opacos a ojos del lector; parecen fruto de un universo íntimo, tan impenetrable a simple vista (a simple lectura, podríamos decir) que las actuaciones de los protagonistas y las tramas que se desarrollan son meras excusas para hacer de la escritura una justificación en sí misma. A fuerza de enrevesar el significado, de camuflar el objetivo (si lo hay) de la narración, Algora pergeña algunos textos realmente desconcertantes: más allá de la incomprensión, la ignorancia o el pasmo, al lector no le queda ningún elemento al que aferrarse para encontrar sentido a los relatos.

¿Es eso importante? ¿Es necesario u obligatorio que cada cuento tenga un sentido, una lectura, una moraleja, un significado? Uno, al menos, cree que sí. Bien es cierto que ese “sentido” (lo coloco entre comillas para que cada cual interprete lo que prefiera) hace mucho que dejó de ser literal; es un “sentido” esquivo, que se suele esconder detrás de narrativas que podan, que sugieren más que muestran, que se bastan a sí mismas como referentes. Sin embargo, me parece que sigue siendo el elemento esencial de todo texto: la literatura como forma de comunicar “algo”; la palabra como método de intercambiar impresiones entre el autor y el lector. Con No tengo el placer uno ha quedado con una sensación más agria que dulce: hay un buen narrador dentro de Sergio Algora, pero no un buen escritor.

La ausencia casi total de asideros narrativos es flagrante. La red de significaciones y atribuciones privadas que maneja el autor es tan restringida que al lector sólo le queda la contemplación, el éxtasis simbolista. Con el agravante, eso sí, de que la escritura de Algora no tiene la belleza de las construcciones simbolistas, sino que bebe del posmodernismo “de manual”, con sus referencias audiovisuales, sus historias metaliterarias y sus discursos truncados. Una escritura, en suma, correcta, pulcra, imaginativa siempre y luminosa a ratos, pero aséptica y críptica.

Por este motivo, los mejores textos del volumen son aquellos que se alejan de esa tendencia y se inscriben en un terreno más fantasioso, más neorrealista. Buenos ejemplos son “Su secreto” (que abre el libro y que narra una cruda entrada en la madurez), “El ayudante de la maga” (desgarradora y repulsiva historia de amor) o “El silencio de Clara” (amor y asesinato servidos en el mismo vaso); en ellos la narrativa de Algora alcanza grados de excelencia, conmoviendo en su sencillez y despertando emociones gracias a su contención. Hay algunos otros textos que caminan en esa dirección, pero se quedan en la mera anécdota que pretende ser impactante (“Lo último que escucho”) o en el relato de tema manido y recursos erróneos (“El rescate”). El autor se defiende en las distancias cortas, en la frase imaginativa y en la metáfora inusitada, pero estas características no son suficientes, en general, para armar una colección de textos coherente.

No tengo el placer queda así en mero pasatiempo, en la exposición de inquietudes, de sueños, de posibilidades que pocas veces se concretan. Algora es un escritor de excepcional imaginación, de asombrosas capacidades de visualización, pero sus delirios textuales tienen más cabida dentro de la poesía que de la prosa; sus relatos carecen de la cohesión necesaria para servir como plataformas de comunicación y sus imágenes dejan con el amargo sabor de la incomprensión. Sólo para incondicionales.

2 Comentarios

  1. Sr Molina, muy bien su critica, pero piense …

    muchos seguidores y detractores tuvo Algora, nunca dejo a nadie indiferente, para muchos un genio, para otros … simplemente un loco con un mundo propio.

    Sin embargo, desde su anonimato usted es pura indiferencia, cuando menos que considero un sacrilegio que pueda opinar mal sobre cualquier artista.

    No soy sospechoso de defender a Algora, nunca lo hice, eso si, repugno las criticas negativas de gente que no sabe ver que su impresion no va mas alla de sus ojos y no de los de los demas.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here