Pigmeo – Chuck Palahniuk

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Pigmeo - Chuck PalahniukUno siempre ha leído a Chuck Palahniuk con deleite, creyendo que es uno de los grandes escritores norteamericanos de la actualidad, con mucho que ofrecer tanto en el terreno estrictamente formal (al que ha aportado un estilo característico y que ha sido plagiado hasta la saciedad) como en el temático (donde aborda algunas cuestiones de la sociedad contemporánea desde una óptica tan crítica como cínica). Rant y Snuff me habían decepcionado un tanto por la incapacidad de generar unas narraciones con cierta originalidad, siendo siempre conscientes de que el norteamericano es un escritor compulsivo, reiterativo e incluso obsesivo con el tipo de historias que crea.

Pigmeo me reconcilia de nuevo con ese Palahniuk desquiciante, ácido y portador de una mirada incisiva sobre el mundo que habitamos. Como siempre ocurre en sus novelas, el delirio narrativo se conjuga con una crítica lacerante, en este caso al modo de vida del americano típico del medio oeste. El libro cuenta la historia de un joven estudiante de intercambio que se aloja con una familia americana, los Cedar, durante unos meses; el estudiante es en realidad un agente infiltrado de una fantástica potencia innominada (de ciertas reminiscencias orientales) que tiene el objetivo, junto a otros agentes similares, de llevar a cabo un atentado que cause una verdadera debacle en tierras estadounidenses. El resultado será una trama desopilante y trágica a partes iguales, como no podía ser menos.

La verdad es que Pigmeo ofrece algunos de los pasajes más feroces que Palahniuk nos ha brindado en los últimos tiempos, y además enmarcados en una historia cuyo trasfondo es cáustico en extremo. La visión que el narrador-protagonista ofrece del modo de vida americano, aunque tendente a la simplificación humorística, es aterrador por la verdad que muestra: adultos ensoberbecidos por su estatus, anestesiados ante la realidad; jóvenes preocupados únicamente por sus teléfonos móviles, el sexo y la aceptación de los demás; una sociedad, en suma, oligofrénica y psicopática, dependiente del consumo como edulcorante vital e incapaz de asumir sus responsabilidades. La mirada de Pigmeo es retorcida y el autor la lleva hasta la caricatura, pero no deja por ello de ser una forma de mostrar esas características que podrían pasar desapercibidas; la mirada del extranjero, del extraño, siempre ha sido una buena manera de poner de manifiesto los problemas que una sociedad no puede afrontar por sí misma.

Está claro que todos estos elementos están inmersos en un contexto (geográfico y social) bastante concreto, pero la virtud del escritor es la de conseguir, mediante el sarcasmo y la mordacidad, que todos podamos reconocernos un poco en algunos de esos personajes. El desquiciado —y desquiciante— modo de vida actual, con su consumo desaforado y su egoísmo inherente, es representado con una crudeza insólita, a pesar de que el humor negro de Palahniuk haga pasar auténticas tragedias por escenas desopilantes (como las visitas al Wal-Mart del protagonista, que son divertidísimas). La risa, una vez más, nos permite adentrarnos en una realidad que está muy presente, pero que olvidamos con pasmosa facilidad.

El tramo final del libro es quizá la parte menos trabajada; es muy rápida y los elementos vertiginosos que conducen al desenlace confunden un tanto, aunque se agradece que la conclusión no sea evidente no sentimental (aunque sí paradójica, al menos para el que suscribe). Con todo, Pigmeo es una novela que recupera al mejor Palahniuk y que ofrece momentos delirantes, inteligentes y muy necesarios. Una gran elección.

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