Propuesta imposible – Javier Sáez de Ibarra

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Propuesta imposible - Javier Sáez de IbarraCreo que “Propuesta imposible” es una colección de relatos que hace honor a su título. Creo que Javier Sáez de Ibarra ha planteado al lector una serie de interrogantes que, lejos de despertar la curiosidad, le sumen en la incomprensión y en la perplejidad. Aún no estoy seguro, después de releer algunos de los cuentos, de si éste era el propósito original del autor o, por el contrario, es un efecto colateral que no tenía previsto. En todo caso, uno ha salido de la lectura de este libro convencido de que le han vendido humo.

Quizá los primeros relatos que inauguran el volumen sean los más interesantes: ‘Resolución’, por ejemplo, narra con mucha templanza la difícil decisión que debe tomar un padre por salvar a su hijo; ‘Alguien llama a estas horas’ nos introduce en la compleja mente de un hombre que pierde sus recuerdos, aquejado de una enfermedad crónica. Es aquí donde el talento de Javier Sáez da todo de sí: un talento para jugar con las palabras, para retorcer los conceptos y presentar una situación cotidiana, un acto sencillo, como algo mágico, desusado y excepcional. La pieza en la que mejor se da esta circunstancia es ‘La vida parece’, el consternado relato interior de un padre que asiste incrédulo a la incontrovertible existencia de su hijo; un cuento inteligente y terrorífico al tiempo, lo cual es digno de mención.

A partir de ahí, después de los cuatro o cinco primeros relatos, “Propuesta imposible” se torna indescifrable. Sáez se atrinchera en un lenguaje exuberante y enérgico, pero vacío; los cuentos parecen apuntar al interior, a la parte emocional del lector, aunque el estilo tupido bloquea cualquier acercamiento. Es posible que el autor tuviera claro el concepto, el quid que se esconde tras cada uno de los relatos, pero se pierde en unas florituras que en algunos casos despistan y en otros, directamente, aburren. Por ejemplo:

Ya de manera sucinta por el perentorio desmembramiento de la multitud, acuciado quiso inventariar otros objetos ante los cuales pudiéramos reproducir esa afección de las emociones atribuida primero a los árboles después al agua del surtidor, en este sentido mencionó la línea horizontal [que se imagina prolongando las rayas sobre el suelo o las aceras mirándolas de frente], sugirió la luz del cielo, la aparición de los astros en él.

‘Conocía los árboles’, del que copio este breve fragmento, es una historia sobre un predicador naturalista que se transforma en árbol mientras proclama su mensaje ante la multitud. Con un cierto eco cortazariano, no deja de ser un planteamiento que puede dar de sí, pero el cuento de Sáez se ancla en lo anecdótico y, sobre todo —se puede observar en esas pocas líneas—, en lo farragoso. Uno se ha quedado con la sensación de que el escritor pretende impresionar, quiere hacer un cuádruple mortal sin red para suscitar el aplauso y provocar el delirio del público lector, sin caer en la cuenta de que el ejercicio también requiere una buena presentación, un marco en el que representarse. Javier Sáez abusa de su condición de autor, de prestidigitador de palabras, y torna opacas historias que a priori parecen interesantes.

Cuando abandona ese prurito de majestuosidad, el resultado es muy bueno. Relato como ‘Empezar pronto’ y ‘Novia de las estrellas’, en los que se apuesta por el humor de lo cotidiano, por reírse de nuestras costumbres más mundanas, son magníficos; otro tanto ocurre con ‘El blanco de los ojos’, una vuelta de tuerca extraterrestre sobre el amor y el encaprichamiento. En general, cuando el autor decide convertirse en narrador, en contador de historias, es cuando saca lo mejor de sí.

“Propuesta imposible” me ha resultado un libro insustancial, con algunos destellos de buen cuentista (de buen literato, en general), pero que se lastra por esa querencia por el deslumbre y el barroquismo efectista. La tendencia introspectiva de los relatos es demasiado abstrusa, demasiado personal como para que se entable un diálogo (necesario, sin duda) entre el lector y el escritor. Aun conteniendo algunas piezas notables, el libro se hace banal y muy poco interesante, se hunde en el fárrago de un lenguaje que no comunica, sino que, por el contrario, sólo enturbia. Y el resultado, como es lógico, es un irremediable desinterés.

4 Comentarios

  1. Me alegro de que Javier Sáez de Ibarra haya triunfado con sus libros.Actualmente es mi tutor de lengua castellana y es uno (sino el mejor) tutor que he tenido en toda mi vida.Me siento afortunado por tenerle como profesor ya que enseña perfectamente y es un hombre muy sabio y educado

  2. Yo encuentro “El balanco de los ojos” un cuento fascinante. En general me parece un libro muy interesante, aunque me gustó mucho más “Motivos”, un poemario que se publicó hace un par de años, me parece. Por cierto, le acaban de dar un premio a otro libro suyo “Mirar al agua”, que se publicará en mayo. Por lo que dicen, no va a dejarnos indeferentes a ninguno.

  3. Todo lo que le destacas me resulta tan interesante que lo que menos me parece es humo. Lo voy a buscar para leerlo.

  4. No he leído el libro, pero por tu reseña me da la sensación de que al autor le debe haber faltado “podar” un poco. Un maestro de taller literario me decía siempre que la tarea del escritor era principalmente quitar todo lo innecesario del lenguaje.

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