Sentimiento y creación – Ángel Rupérez

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Sentimiento y creación - Ángel RupérezLas reflexiones acerca del origen de la inspiración son innumerables. Las más interesantes suelen venir de los propios artistas cuando deciden reflexionar sobre los mecanismos de la creación, aunque también hay multitud de acercamientos que pertenecen a críticos o biógrafos. En «Sentimiento y creación» Ángel Rupérez esboza una teoría —no demasiado original, pero perfectamente argumentada— sobre ese origen de la pulsión creativa, partiendo de lo que él llama la experiencia interior.

Tomando como referentes claro a los poetas románticos ingleses, Rupérez afirma que la experiencia interior es un proceso creativo mediante el que las vivencias humanas, después de asimiladas, se transforman en conocimiento que exige ser vertido en una obra de creación. El mero hecho de vivir y observar se convierte en la mejor fuente (casi la única, en realidad) para encontrar una inspiración que para el autor existe sólo dentro del artista. Es la imaginación del creador la que se ocupa de que las experiencias vivenciales se conviertan en una especie de saber, intuitivo y oscuro, de lo humano, y el hecho de escribir —o pintar, o esculpir— las dota de sentido, tanto para el artista (que a través del proceso de creación «comprende» —o lo intenta— lo que su memoria retenía) como para el receptor de la obra (que puede penetrar en lo profundo del conocimiento humano por empatía).

La teoría de la experiencia interior está claramente sustentada por las tesis de Wordsworth y Coleridge: la diferencia entre fantasía e imaginación, la potencia creadora de la mente del poeta, la importancia de la naturaleza y su observación como fuente de material poético. Fueron justamente los escritores del movimiento romántico los que se desligaron de las doctrinas clasicistas de la imitación y el fiel reflejo de la realidad para dotar de poder al yo del artista. Esos argumentos son los que sirven de punto de partida para el estudio de Rupérez.

Sin embargo, el libro va más allá de esa definición de experiencia interior, y trata de buscar todas las conexiones que existen entre el sentimiento vital y la necesidad de crear obras artísticas. La primera y fundamental es la necesidad de acceder al conocimiento, siquiera de forma vicaria (ya sea como hacedor o como receptor): la creación, el arte, permitirían alcanzar un cierto grado de sabiduría acerca del mundo que nos rodea, porque la ignorancia ontológica del ser humano le impele a buscar respuestas constantemente. El arte sería un camino tan válido como la filosofía, según Rupérez, para llegar a esas respuestas, si bien, como es lógico, nunca se consigue un conocimiento exhaustivo.

Otra conexión es la temporal: la obra artística es, por definición (aunque no sea exacto), perdurable y casi eterna. Dado que el arte encarna los principios más excelsos de la condición humana, el hecho de crear convierte a su autor, también, en perdurable. Y esto es un dato a tener en cuenta, porque no se trata de un simple afán de fama universal, sino de una relación estrecha entre el prurito de eternidad que encierra toda creación y la inexorable marcha del reloj de la vida: una dicotomía tan fértil como desesperante para cualquiera, y quizá aún más para un artista. Ilustrando estos pensamientos se alza el ejemplo de Marcel Proust y su obra magna, que pone de relieve la importancia del tiempo y la memoria: ésta no es un instrumento pasivo —encargado de traer de vuelta los acontecimientos pasados—, sino que elabora y aporta un sustrato gnoseológico sobre aquello que alumbra.

En contra de «Sentimiento y creación» cabe decir que, según se desprende de los antecedentes, la teoría no es muy original; pero es que, en realidad, el autor no se esfuerza por resultar distinto, sino que su empeño tiene otros objetivos. Su fin es afirmar la vigencia de estos argumentos mediante una cuidada exposición de ejemplos entresacados de la teoría literaria, especialmente de aquélla realizada por los propios creadores. Esto puede observarse en los argumentos que conforman la última parte del libro, dedicada a la relación entre las distintas artes y los hilos invisibles que las unen. Argumentos difíciles de visualizar, ya que esas conexiones son más intuitivas que lógicas: la búsqueda del absoluto, el afán de comunicación… Rupérez sostiene que existen unos universales estéticos comunes a todas las artes, sólo que los medios materiales para expresarlos son diferentes; sin embargo, acepta que esos universales son sólo ideales, ya que es imposible equiparar formas artísticas tan diversas.

«Sentimientos y creación» es un libro muy interesante en su faceta expositiva, sobre todo para aquellos interesados en el origen de la pulsión creadora. No obstante, también es lícito avisar de que es un resumen comentado de lo que muchos creadores han ido argumentando a lo largo de la historia de la creación artística, por lo que la misma información (si no más) puede obtenerse acudiendo a las fuentes, aunque como resumen y acercamiento sea un libro espléndido.

3 Comentarios

  1. Sólo un gran poeta puede explicar de dónde surge ese claustro materno en el que se forja el arte.
    Rupérez derrocha virtuosismo en sus palabras y en sus profundos pensamientos ,acompañados de grandes referentes del mundo de la poesía y del arte.
    Inteligente y excelente ensayo sobre la creación poética cuya lectura es un goce para el alma

  2. Angel Ruperez es mi profesor de lengua en el ISAAC NEWTON,y es uno de los mejores profesores que he tenído nunca.Nos sabe explcar todo para que lo entendamos y sabe de poesía cómo nadie

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