Todos los hombres del rey – Robert Penn Warren

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Todos los hombres del rey - Robert Penn WarrenEn algún otro momento en esta página habremos comentado ese lastre que tienen algunas grandes novelas norteamericanas y que no es sino su afán totalizador; el deseo de abarcar, en una sola obra magna, decenas de temas, de personalidades y de visiones de la historia. Aun cuando es una tendencia que suele observarse en narradores más o menos jóvenes, lo cierto es que no deja de ser una constante en la literatura de Estados Unidos desde hace muchísimos años, quizá desde que Melville peroraba sobre las clases de cetáceos en su “Moby Dick”.

Robert Penn Warren hace gala de esta característica en “Todos los hombres del rey”, que se publicó allá por 1946 y con la cual, evidentemente, ganó el Premio Pulitzer. Y digo «evidentemente» porque parece que los críticos norteamericanos se pirrasen por este tipo de obras totales, como ya comenté al hablar de “La fortaleza de la soledad” de Jonathan Lethem, o al igual que ocurrió con la, por otra parte, magnífica “Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay” de Michael Chabon. Ahora bien, en el caso de Warren esa ‘novela total’ es más temática que histórica, tratando de ahondar en los entresijos del éxito personal y de los procesos de autoconocimiento más que tejiendo una compleja trama a lo largo de años de historia, como ocurre con los otros escritores citados.

Para resumir “Todos los hombres del rey” bastaría decir que es la narración de la vida de Willy Talos, un hombre hecho-a-sí-mismo (otra gran vértebra de la literatura estadounidense) que consigue llegar a ser gobernador del estado de Louisiana gracias a su incontrovertible fuerza de voluntad. Esa figura tan arquetípica está basada en Huey Long, un célebre personaje norteamericano del que Warren toma casi todos los detalles para construir a su protagonista, un hombre defensor de las clases bajas que no dudaba en recurrir a la extorsión y al engaño para lograr sus loables propósitos.

Lo verdaderamente interesante de la novela es el hecho de que la figura de Talos está perfilada desde el punto de vista del narrador, Jack Burden, vástago de una ilustre familia venida a menos que entra a su servicio como ayudante personal. Las historias de ambos, amén de las de algunos otros personajes más o menos secundarios, se entrecruzan en la narración que Burden teje de una forma casi confesional. El verdadero logro del libro, más allá de la historia que cuenta (y que, por otra parte, no es sino una nueva versión de la típica historia de alzamiento y caída), es la veracidad de esa voz narrativa, que consigue hacerse cercana, casi oral, haciendo partícipe al lector de los pensamientos y comentarios de Jack, que pasa a convertirse en algo más que un simple narrador: en realidad, es como si tuviésemos entre manos un autor omnisciente, ya que cuenta la historia desde una posición privilegiada; no sólo es testigo de múltiples sucesos y desde muy distintas posiciones, sino que narra los hechos desde el futuro, con lo que es consciente de los vaivenes y desajustes de lo que está sucediendo —para nosotros— en el presente narrativo. Nada nuevo literariamente hablando, desde luego, pero Warren utiliza estos recursos de manera efectiva y elegante.

Al igual que, por citar a otro escritor presente en esta web, Saul Bellow, Robert Penn Warren hace gala de una erudición vasta, pero que desgrana en “Todos los hombres del rey” con comedimiento y belleza. Las citas, las referencias y las alusiones están presentes a lo largo de la novela, y hacen de la lectura un juego de inteligencia que supone un reto para el lector, que además de seguir la desventura de Burden y Talos, se ve inmerso en una narración erudita y fascinante.

Y, sin embargo, pese a tanta elegancia literaria, “Todos los hombres del rey” se hace pesada y en ocasiones muy lenta, demasiado demorada para cubrir sin bostezos sus más de setecientas páginas. Quizá se deba a esa grandilocuencia temática de la que hablé arriba, esa querencia por abarcar multitud de cuestiones y formar un fresco de la sociedad norteamericana de mediados del siglo XX, y que pasa una factura enorme en lo que a solvencia dramática se refiere. Porque, si bien es cierto que la narración de Jack Burden es más que correcta, la verdad es que hay pasajes que podrían ser eliminados sin que la historia principal se resintiera en absoluto. La intención de Warren de tocar muchos palos sólo consigue lastrar una novela que, por lo demás, acierta de plena en la forma de enfocar una trama clásica y muy manida.

Un error que suele ser muy común no sólo en narradores estadounidenses, sino en muchos otros, ya que la ambición literaria suele ser muy peligrosa a la hora de crear historias. Quizá por este motivo “Todos los hombres del rey” se queda en mera recreación afortunada, y no en la gran novela que podría haber llegado a ser.

4 Comentarios

  1. ¿Pesada, lenta?
    Nada de eso. “Todos los hombres del rey” es un novelón. Ni siquiera considero que sea una novela especialmente erudita, sino la novela de un erudito (no hará falta explicar el matiz).
    En ningún momento me ha parecido pesada, ni lenta. Pero, ojo, no olvidemos que son 800 páginas. La posible desazón procede de ese volumen de páginas (como ocurre con todas las novelas de esa extensión), no de la novela en sí.
    Obra impecable de uno de los más grandes. De lo mejor que he leído nunca.

  2. La Gran Novela Americana es un mito cultural, una idea platónica que ha condicionado mucha de la literatura seria de Estados Unidos durante el siglo XX.
    Pero también nos ha creado un prejuicio a los lectores, que corremos el riesgo de juzgar todas las novelas ambiciosas y largas -como ésta- teniendo en cuenta lo que no han logrado ser. Es decir, que empezamos a leer con suspicacia. Es decir, que nuestros elementos de juicio no están en el texto sino fuera de él.
    “Todos los hombres del rey” es una obra sólida, equilibrada y escrita con pleno control de los recursos literarios de la novela clásica del siglo XIX.
    La voz narrativa es acertada, la contraposición de caracteres principales funciona muy bien, el tema de “rise and fall” (un eco del “Silas Lapham” de Dean Howells) como metáfora del espíritu nacional de un país enérgico y joven es también potente….Sin ser una novela de cuya lectura yo haya disfrutado particularmente, no le encuentro pegas como obra literaria.

    Gracias

  3. Es que todos los escritores de aquel país tienen la misma fijación: escribir la Gran Novela Norteamericana. Hasta que una no consiga el título es como si les faltara algo, y andan tras de ello. Yo creo que ya hay bastantes candidatos para disputarse esa denominación, pero esa es otra historia.

  4. Sé que no es lo mismo, pero tuve la oportunidad de ver la película protagonizada por Sean Penn. No hay punto de comparación, lo sé, pero la película me agradó, la obstinación que tenía por adquirir lo que su pueblo quería fue heroica.

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