Una mezcla de flaquezas – Robertson Davies

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Una mezcla de flaquezas - Robertson DaviesCon Una mezcla de flaquezas se cierra la «Trilogía de Salterton», el primero de los ciclos novelísticos que Robertson Davies tuvo a bien legar a la posteridad. Si en las novelas anteriores el eje de la historia se centraba en el mundo del teatro aficionado o del periodismo, en esta ocasión la trama servirá al autor para ofrecer una imagen del universo de la cultura y el arte: no sólo de sus peculiaridades, sino —sobre todo— del tipo de personas que se pueden encontrar en él. Haciendo gala de su fino sentido del humor y de su perspicacia para sondear los defectos, Davies cierra su ciclo novelístico con una obra magistral.

Después de que su madre muera, Solly Bridgetower se dispone a heredar lo que considera su exigua fortuna. Sin embargo, la lectura del testamento ofrece varias sorpresas: Louise Bridgetower era bastante rica, pero no legará ningún dinero a su heredero hasta que tenga un descendiente varón; entretanto, su herencia se destinará a la formación artística de una joven de Salterton. Atrapado por las redes de su madre, el joven elegirá como destinataria del fideicomiso a Monica Gall, una chica apocada, criada en el seno de una familia estrictamente religiosa, con unas aptitudes vocales muy prometedoras. A partir de aquí, el foco de la novela se centra en la muchacha, olvidándose por completo de los ya conocidos personajes, y nos mostrará su formación en Inglaterra. De la mano de profesores ilustres, y otros más excéntricos que ilustres, Monica comprenderá enseguida lo reducido de su conocimiento y la miríada de cosas que debe aprender (y aceptar) para convertirse en la cantante que desea ser.

La sensibilidad con la que el autor retrata a los personajes que rodean a la protagonista en su camino de formación es sorprendente: desde la serenidad lúcida de sir Benedict Domdaniel, el director de orquesta que asume la tarea de la educación de Monica, pasando por el histriónico Murtagh Molloy o terminando con el vitriólico genio de Giles Revelstoke; todos ellos son muestras ejemplares del talento del escritor canadiense para reflejar en la ficción lo que nos hace más humanos. En ellos encontramos miedo, sensatez, arrogancia o paciencia en dosis sabiamente administradas: ninguno es perfecto o deleznable; son sólo hombres que tratan de vivir conforme a sus intereses o credos, cualesquiera que estos sean. Su mezcla de flaquezas es evidente, pero lo cierto es que esas debilidades también son, por curioso que parezca, lo que les hace humanos.

Más allá de la habilidad de Robertson Davies para mostrar los recovecos del alma, la novela ofrece una mirada sincera acerca del mundo del arte y la cultura. El autor retrata con una ironía fidedigna a los personajes que se mueven en ese mundo: desde los creadores (como Giles) hasta los “aprovechados” (como el círculo en torno a la revista Lantern), pasando por feroces diatribas contra los críticos, incapaces de ver (según el narrador) la verdadera esencia del genio. La progresión de Monica en ese contexto será meteórica, pero no todo lo que va aprendiendo será noble o provechoso: también comprenderá que el dolor, la renuncia o el orgullo son elementos con los que siempre deberá convivir si de verdad quiere aspirar a la excelencia como artista.

Una mezcla de flaquezas es, sin duda, la mejor novela de esta trilogía y una de las mejores de la producción de Robertson Davies. Si aún no han tenido el placer de conocer su obra, ya están perdiendo el tiempo: se lo aseguro.

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