Unos ojos azules – Thomas Hardy

3
7424

Es posible que la peripecia de Unos ojos azules tuviese algo de arriesgado o incómodo en el momento de su publicación (en 1873); sin embargo, esta correcta novela de Thomas Hardy ha perdido buena parte de su vigor con el paso del tiempo, quedando como una corriente historia de amor con pequeños matices.

La novela pone en en marcha un triángulo amoroso de extraño origen. Elfride, bella hija de un ilustre párroco de un perdido condado inglés, se enamora de Stephen Smith, un joven arquitecto encargardo de restaurar la iglesia del pueblo. Como ardorosos adolescentes, ambos se prometen en matrimonio en secreto al objetar el padre de Elfride que su unión no puede llevarse a cabo por la diferencia de clases que les separa; para tratar de conseguir la aprobación del progenitor de su amada, Stephen se marcha a la India para hacer fortuna y regresar convertido en un incontrovertible “buen partido”. Al poco tiempo de su marcha, aparece en escena el mentor del arquitecto, Henry Knight, un hombre maduro y solitario, escritor, que pronto caerá rendido a los encantos de la joven y logrará que ésta olvide el compromiso contraído con su joven pretendiente. El final de la historia, harto curioso, enfrentará a ambos hombres y hará que se reconozcan sin disfraces ni hipocresías.

El conflicto que Hardy plantea en el libro es el de las diferencias entre el amor de madurez y el de juventud, entre la pasión y la razón, incluso entre las diferentes clases sociales. Stephen (que no en vano tiene un apellido muy común, frente al de su rival) representa la inexperiencia y la pasión de la juventud, y además sufre el baldón que representa tener un origen humilde. Aunque su ardor conquiste a Elfride sin problemas (puesto que ella es también inocente), cuando ésta contrapone el carácter de ambos pretendientes pronto se decanta por el mayor. «Junto al sobrio cortejo de Knight, las continuas manifestaciones de Stephen parecían afectadas. Elfride había comenzado a suspirar por alguien más maduro. A Stephen apenas se le podía considerar un hombre hecho y derecho.»

Quizá el elemento que más llama la atención hoy en día es la insinuación (no muy velada) por parte del narrador/autor de que lo que Elfride busca en realidad es un hombre que la domine. «Era infinitamente mejor ser la esclava de un gran hombre que la reina de uno ínfimo», afirma en un momento de efusión. La protagonista termina por despreciar a Stephen no tanto por el amor que siente hacia Henry, sino porque no acepta su entrega sin condiciones; la igualdad no es un punto a valorar, sino casi un demérito para la joven. Por ello, el cortejo de Knight y su progresivo éxito no acaban de tener hogaño una significación aceptable; no se trata de ser políticamente correctos, sino de que la psicología femenina está reflejada desde una óptica masculina demasiado tajante. Por otra parte, es difícil empatizar con una protagonista cuyo carácter veleidoso le sirve al autor como pretexto para exponer esos argumentos, haciendo así que parezca casi inevitable el que termine en brazos del maduro y estricto escritor, a pesar de que el amor que le profesa Stephen resulta más puro, desinteresado y verdadero.

El estilo de Hardy dificulta, al menos en esta ocasión, que la novela transcurra de forma apacible. Las escenas están muy marcadas y su énfasis hace que la continuidad se resienta, haciendo que el texto resulte fragmentario y en alguna ocasión hasta inconexo. Las descripciones de los paisajes de Endelstow, lugar donde transcurre la acción, son excepcionales y vívidas, constituyendo así las partes más memorables de una novela que, por su visión de la psicología humana y su fallida concepción de la trama, no deja de ser una obra menor dentro de la producción del escritor inglés.

Más de Thomas Hardy:

3 Comentarios

  1. Coincido con Carmen en su apreciación de «Jude el oscuro». Me interesó la obra por la leyenda que arrastraba de inmoral y transgresora; la verdad es que leída más de cien años después no me lo pareció tanto, prueba inequívoca de que el tiempo no pasa en balde y las sociedades se muestran más abiertas (pero no tanto como creemos) a los cambios.Veo que Stephen, al igual que Jude, se dedica a la restauración de edificios eclesiásticos; de hecho, Hardy caracterizaba a sus personajes con sus mismas habilidades (trabajó como ayudante de arquitecto en estas tareas).

    Aunque «Unos ojos azules» no haya levantado pasiones en la reseña del Sr. Molina, la obra de Thomas Hardy merece muy mucho la pena.

    ¡Ah, se me olvidaba!, Valdemar publicó, dentro de «El Club Diógenes» y bajo el título de «El brazo marchito y otros cuentos tenebrosos», una recopilación de relatos fantásticos muy recomendable también. Aparte de las consabidas narraciones sobre lúgubres ruinas de castillos (poco interesantes en general), tiene varios relatos excelentes: «La tumba jun to al poste», «Bárbara de la casa de Grebe» y «El brazo marchito» que da título al libro.

    Como dice Carmen, un excelente escritor.

    Cordiales saludos a solodelibros

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here