El mundo de los prodigios – Robertson Davies

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El mundo de los prodigios - Robertson DaviesTras “El quinto en discordia” y “Mantícora“, Robertson Davies finalizó su trilogía de Deptford con “El mundo de los prodigios”. En este último volumen vuelve a tomar la palabra Dunstan Ramsay, el viejo profesor que narraba su historia en el primero de los libros; después de alcanzar una cierta paz interior (o, al menos, apaciguar a algunos de sus demonios interiores más dolorosos), le encontramos compartiendo vivencias con Liesl, una inteligente y seductora mujer, y Magnus Eisengrim, un prestidigitador de fama mundial (el mejor mago de todos los tiempos, en sus propias palabras) y que no es ni más ni menos que Paul Dempster, el pequeño nacido prematuramente a raíz de una bola de nieve que alcanzó a su madre, Mary, y que no sólo provocó su precoz venida al mundo, sino la locura de la mujer.

Ramsay sirve al autor como narrador de la historia de Paul / Magnus, que actúa en una película homenaje a Robert-Houdin y que, azuzado por el director y el productor, se decide a contar su vida desde que muchos años antes desapareciese de Deptford para siempre. En realidad, descubrimos que fue raptado por un mago morfinómano y pedófilo que le obligó a unirse a un circo ambulante (El mundo de los prodigios de Wanless) en el que pasó casi diez años de su infancia y adolescencia. Debido a un incidente con la morfina de su ‘patrón’, Paul se ve obligado a dejar Canadá y embarcarse rumbo a Europa, donde pasará un tiempo como feriante ambulante, pero en una situación completamente diferente, ya que el mago se derrumba por culpa de su adicción y el joven aprendiz (que ya ha superado con mucho al maestro) le utiliza como reclamo para el espectáculo, convirtiéndole en un hombre salvaje.

Tras cruzarse brevemente con Ramsay en el Tirol, Paul (conocido como Jules LeGrand) marcha a Inglaterra, donde se convertirá en doble y ayudante de un famoso actor teatral en pleno declive de su carrera. Con él aprende a convertirse en un fingidor, habilidad que le ayudará en el futuro a labrarse su carrera como prestidigitador de éxito. La Segunda Guerra Mundial y la decadencia de su patrono le obligan a abandonar el país, y acaba refugiándose en Suiza, donde consigue un trabajo muy peculiar gracias a sus habilidades como relojero y mecánico: un excéntrico hombre de negocios multimillonario le contrata para arreglar su colección de viejos juguetes mecánicos. Es un su castillo de los Alpes donde conocerá a Liesl, su sobrina, una muchacha de inteligencia y erudición asombrosas, aunque deformada por una enfermedad del crecimiento. Convertidos en una peculiar pareja de amantes, ambos se unirán para dar forma al espectáculo de magia que les llevará por Centroamérica, donde coincidirán con Ramsay, como él mismo había narrado en “El quinto en discordia”.

Es en “El mundo de los prodigios” donde por fin se revela, siquiera de forma velada, la forma en que murió Boy Staunton: su suicidio estuvo en manos de Magnus Eisengrim, que no hizo nada para detener el fatal desenlace. Como ya ocurre en las otras dos partes de la trilogía, el misterio que envuelve la muerte del magnate apenas si es importante en la trama: de hecho, sólo en las últimas páginas se presta atención al suceso, ya que la parte más importante (y extensa) del libro es la dedicada a la narración de la vida de Paul Dempster / Magnus Eisengrim.

Quizá sea “El mundo de los prodigios” la más floja de las tres novelas de la trilogía, debido fundamentalmente a la forma: aunque la historia de Dempster (al igual que las de Ramsay o Staunton) tenga un subtexto rico en matices, la trama está narrada con mucha más artificiosidad que en los dos libros anteriores. Es difícil meterse en la narración, que parece sacada de alguna mediocre novela decimonónica, llena de giros rebuscados y coincidencias imposibles; Davies, por supuesto, maneja la narración con su destreza habitual, pero el prestigio es aquí demasiado evidente.

Es una lástima que esta estupenda trilogía tenga un colofón deslucido, ya que leer a Robertson Davies es un auténtico placer. Con todo y con eso, ha sido uno de los descubrimientos más agradables que uno ha tenido en los últimos tiempos, y es una lectura muy recomendable, fallas aparte.

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2 Comentarios

  1. Coincido, Sr. Molina, con las apreciaciones de su reseña, aunque con algunos matices.

    A mí, me parece que el único libro consistente de la trilogía es “El quinto en discordia”, cuando lo leí, hace ya cuatro o cinco años, me deslumbró, me pareció simple y llanamente extraordinario; me cautivó sobre todo la finura y la capacidad narrativa, que Davies despliega a lo largo de toda la obra. Realmente, un auténtico descubrimiento.

    “Mantícora”, representó la decepción. Las sesiones de la doctora von Haller se me hicieron insufribles, y todavía más insufribles tenerlas que leer en versión guión teatral. Es indudable la erudición del autor, toque el tema que toque, (me recuerda a Víctor Hugo en versión siglo XX), sus conocimientos sobre el psicoanálisis no dejan, como ya he dicho, de sorprender, pero la novela no tiene consistencia alguna; parece cogida al proyecto de Deptford con imperdibles. Por decirlo de alguna manera, ésta fue la primera pata del trípode que falló estrepitosamente.

    A “El mundo de los prodigios” lo catalogo dentro del apartado del “ni fu ni fa”. Davies vuelve a desplegar su facilidad para narrar (una virtud indudable en su bagaje artístico), pero de una forma más efectista que real. La historia de Paul Dempster, en el espectáculo ferial de los hermanos Wanless y en la Compañía Teatral Tresize, roza en ocasiones la banalidad, y la morosidad en la resolución de la trama resulta exasperante, casi doscientas páginas describiendo las peripecias de Hannah la Feliciana, Zovene, Abdalá o Willard (por citar a alguien) son demasiadas hasta para el más paciente de los lectores. ¡Ah!, y además, no sorprenden los conocimientos de Davies sobre el teatro, o los espectáculos en general, porque, como el tahúr tramposo, juega con ventaja en estas materias.

    La Trilogía de Deptford, para resumir, me parece, en su conjunto, un proyecto fallido. “Mantícora” y “El mundo de los prodigios” son un lastre demasiado pesado para mantener a flote a “El quinto en discordia”, novela espectacular donde las haya.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

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