La bendición de la tierra – Knut Hamsun

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La bendición de la tierra - Knut HamsunPor La bendición de la tierra recibió Knut Hamsun en el año 1920 el Premio Nobel. Y aunque el que una obra haya sido premiada nunca es garantía de nada, esta es desde luego una novela que merece ser leída, porque casi sin duda será disfrutada por cualquier lector.

Hamsun fue siempre un firme defensor de la vida en medio de la naturaleza, que practicó siempre que pudo. Esa vida sencilla y valiente es la que es cantada con un profundo y conmovedor sentimiento en La bendición de la tierra.

La novela cuenta la historia de Isak, un colono que se asienta en un paraje en mitad del bosque y crea de la nada una próspera granja. Isak roturará la tierra, sembrará y cosechará, construirá su propia vivienda y criará ganado. Al tiempo, conseguirá una compañera que trabaje y viva a su lado, a la que amará con fuerza pero sin sentimentalismos. Tendrá hijos y se esforzará en hacer de ellos hombres de valer.

Todo en La bendición de la tierra habla de una vida sencilla, pero genuina, donde las cosas importantes se distinguen muy bien de las superfluas. Isak y sus vecinos saben lo que tienen que hacer y saben cómo tienen que comportarse. La naturaleza marca la tarea de cada estación y se aplican a ella con tesón y alegría, seguros de recibir de ese modo su sustento.

¡Puedes estar satisfecho! Tenéis todo lo que necesitáis para vivir, tenéis todo por lo que vivir, todo en lo que creer, nacéis y engendráis, sois los imprescindibles de la Tierra. No todo el mundo lo es, pero vosotros sí: los imprescindibles de la Tierra. Sois los que mantenéis la vida. Existís de generación en generación, producís y, cuando morís, os sucede una nueva. Eso es lo que quiere decir vida eterna. ¿Y qué recibís a cambio? Una vida recta, una vida poderosa, una vida marcada por una actitud ingenua y correcta.

Esa vida recta que sólo puede darse en el campo, es la tesis que Knut Hamsun defiende con ahínco en La bendición de la tierra. En contraste con la ecuanimidad y la probidad de Isak, el autor sitúa a varios personajes que han vivido durante algún tiempo en la ciudad.

Esos personajes regresan a las montañas maleados, torcidos. El duro y honesto trabajo del campo les fatigará, como sucede con Eleseus, el hijo de Isak. La monótona vida del campo ya no tiene para ellos alicientes. Se han vuelto seres artificiales para quienes la vida en la naturaleza ya no es posible.

Así sucede con Inger, la esposa de Isak, cuyos intentos por adaptarse de nuevo a la vida en la granja, después de verse obligada a pasar varios años en la ciudad, resultan conmovedores. Su firmeza se vuelve tribulación y sufre sin poder encontrar de nuevo su centro.

La espiritualidad que emana de los bosques, de las montañas, de la tierra, se ve conturbada cuando el hombre se aleja de su presencia benéfica para sumirse en el ambiente antinatural de la ciudad. Isak es, en el fondo oficiante y devoto de un culto panteísta. Parece rezarle a Dios, pero su labor es una oración continua a la tierra fecunda que le proporciona todo cuanto necesita.

Durante cientos de años, sus antepasados también habían sembrado en un acto de devoción una tarde tranquila y templada, sin viento, preferiblemente con una débil y clemente llovizna, y a poder ser justo después de la migración de las ocas silvestres. […] Sus manos esparcían abanicos de cereales, el cielo estaba nublado y era propicio, amenazaba una débil llovizna.

Se puede apreciar un estilo de resonancias bíblicas en La bendición de la tierra. Su estilo sobrio y al tiempo tremendamente vital realza la historia de las gentes sencillas a las que homenajea.

Y al leer el libro se tiene la certeza de que es cierto: ellos son los imprescindibles. Esa es la verdadera vida. Y, como Thoreau, una quisiera, al concluir esta lectura, marchar a los bosques para tener la certeza, cuando llegue mi hora, de que he vivido.

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