La máquina del tiempo – H. G. Wells

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La máquina del tiempo - H. G. WellsSi bien los viajes en el tiempo son un tema recurrente en la literatura (y especialmente en la de género), H. G. Wells fue uno de los primeros en abordarlo desde una óptica científica, cambiando así el punto de vista habitual que se centraba en visiones de corte fantástico. Para el autor inglés el meollo de su novela había de ser el aspecto especulativo, por lo cual el tono de la obra se aleja de la mera narrativa de ficción, añadiendo elementos y recursos más propios del ensayo. En este sentido, y teniendo en cuenta su fecha de publicación (1895), aunque no sea el primer texto que versa sobre los viajes temporales, sí que se puede afirmar que fue la primera obra que los trató con una perspectiva lógica y deductiva.

Como casi todo el mundo sabrá, La máquina del tiempo cuenta la historia de un innominado personaje (al que el narrador se refiere como «el Viajero Temporal») que fabrica un artefacto para poder moverse por la cuarta dimensión. Como experimento decide viajar hacia el futuro miles de años, siendo espectador privilegiado del estado de la humanidad en esa época; los cambios que observa son insólitos y desconcertantes, hasta el punto de tener que regresar tras una serie de circunstancias que ponen en peligro su propia vida.

Quizá lo de menos sea el desarrollo de una trama que, por otro lado, tiene algunas características inocentes, propias de una narración decimonónica que ha envejecido mal en ese aspecto. Lo que resulta interesante (incluso a pesar de los avances en tecnología y sociología que se han hecho desde entonces) es el tono reflexivo y las continuas lucubraciones que expone el protagonista. Lejos de centrarse en la acción futurista o en las posibles novedades que pudiera hallar, su discurso gira casi siempre en torno a los cambios que registra en la sociedad humana que se topa en el año ochocientos dos mil setecientos uno.

Allí (o, mejor dicho, entonces) descubrirá a dos razas de seres que parecen haber evolucionado de los humanos contemporáneos: los «Eloi», pequeñas criaturas de apacible comportamiento y de naturaleza inocente; y los «Morlocks», unos seres subterráneos de violentas costumbres. Su inferencia inicial es la de suponer que los primeros, gracias a su aparente superioridad intelectual (si bien son inferiores en raciocinio al protagonista), se han erigido en amos de los segundos, que parecen dedicarse a tareas industriales. Sin embargo, en su aventura descubrirá con espanto que su impresión es errónea: los Morlocks utilizan a los Eloi como ganado, aprovechando la superioridad física.

El autor atribuye la decadencia de los Eloi a la falta de peligro; la evolución del hombre parece haber alcanzado su más alta cota en una especie sin afán de supervivencia, sin aspiraciones ni deseos:

Una ley natural que pasamos por alto es que la versatilidad intelectual es la compensación del cambio, el peligro y la inquietud. […] La naturaleza solo recurre a la inteligencia cuando el hábito y el instinto son inútiles. No hay inteligencia donde no hay cambio, ni necesidad de cambio.

La estulticia de los Eloi sería, pues, un rasgo evolutivo propio de una sociedad acomodaticia. Las referencias a la lucha de clases durante los albores del siglo XX son continuas, aunque no queda claro si la posición del narrador (¿quizá la del propio Wells?) es crítica o no a este respecto. En todo caso, sí parece claro que la idea subyacente es más bien pesimista: tanto si se trata de una guerra social entre especies como de una evolución descarriada, lo único cierto es que esa humanidad futura oscila entre la brutalidad y la estolidez. El postrero viaje del protagonista a causa de su accidentada huida de los Morlocks, nos revelará una Tierra agonizante, poblada solo por extrañas criaturas de una belleza magnética, pero también mortífera. Pese a la ciencia y al conocimiento (encarnados por el Viajero Temporal), el devenir del mundo no parece tener sentido, propósito, orden o coherencia.

La máquina del tiempo es una novela interesante y dinámica, incluso teniendo en cuenta lo difícil que resulta que obras de este jaez permanezcan vigentes décadas después de su publicación. Aunque hoy día algunos de sus postulados revistan tintes inocentes o ingenuos, otros siguen conmoviendo al lector por su profundidad y coherencia. Puede que no sea una obra para todos los públicos, pero no hay duda de que su originalidad y perspicacia le reservan un sitio en la historia de la literatura.

2 Comentarios

  1. Un poco anterior (1887) es El anacronópete, de Enrique Gaspar. No tiene las implicaciones sociales de Wells, pero es, cuando menos, un libro muy curioso. Se centra en el objeto, el cacharro, como objeto articulador del viaje en el tiempo. Un tipo curioso ese Gaspar. Hoy no es fácil encontrar sus relatos, y menos su abundantísimo teatro. Un saludo.

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