Relatos – Lev N. Tolstói

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Relatos - Lev N. TolstóiQue Tolstói es un escritor imprescindible, supongo que pocos lo dudarán a estas alturas; que todo lo que escribió alcance las cotas de genialidad de “Guerra y paz” o “Anna Karenina”, eso, me temo, es imposible. Y es que la brillantez también tiene límites, y quizá la de Tolstói se topó con un escollo muy difícil de superar: su crisis de fe.

Tras toda una vida de dedicación a la literatura, y de parir obras maestras como las ya mencionadas, el ruso sufrió una crisis de valores que le llevó a despreciar su vocación literaria y a vivir conforme a las enseñanzas evangélicas, sujeto a un estricto orden moral y ético. A partir de entonces, y con la única excepción de “Resurrección”, todo lo que salió de su pluma fueron cuentos de aire popular, ensayos y tratados morales.

Esto, que no tendría por qué empañar en absoluto este libro del que hablamos, acaba por influir notablemente en el ánimo del lector. Y es que Tolstói, con ser un escritor monumental, tiene momentos de absoluto proselitismo religioso en muchos de los relatos que conforman el volumen. Uno, como lector, le perdona muchas cosas, pero no que confunda la simple literatura con el arrebato místico, y mucho menos que una serie de fábulas cuyo propósito evidente es aleccionar al campesinado ruso se hagan pasar por cuentos puramente narrativos. Obviamente, esto último depende más de la persona que se encarga de recopilar y editar las obras.

Valga toda esta introducción para reafirmar una idea capital que pende sobre estos “Relatos” publicados por Alba: muchos de ellos son aburridos, no por su estilo o trama, sino por su intención y su mensaje. Partiendo de esta base, y perdonando al ruso inmortal sus intenciones moralizantes, pueden leerse otros muchos de los cuentos con la mayor de las admiraciones; porque Tolstói, lo digo una vez más, es un escritor como la copa de un pino.

Las primeras narraciones que aparecen en el libro son, justamente, las menos interesantes; selecciones de fábulas y cuentecillos extraídos de los libros rusos de lectura, manuales para enseñar a leer a los niños que se utilizaban en las escuelas. Las últimas veinte o treinta piezas, escritas durante un largo periodo de tiempo que va desde 1880 hasta 1909, son las más interesantes del libro y, algunas de ellas, pequeños prodigios de la narración breve. ‘Jolstomer (Historia de un caballo)’ es un cuento maravilloso en el que se agrupan todas las características que han hecho de la escritura de Tolstói un ejemplo sin par en la historia de la literatura: pasión por el detalle, ternura en los personajes, entornos hostiles en mitad de una naturaleza —un mundo, en realidad; un universo— exuberante, caracteres arquetípicos, pero perfectamente creíbles y humanos… Y todo ello, como si de una fábula clásica se tratase (y, en cierto modo, lo es), encarnado en la figura de un caballo desgraciado y envejecido, pero noble hasta el final. He aquí unas palabras del protagonista:

El comerciante dice “mi tienda” o “mi pañería”, por ejemplo, y el paño de sus prendas es peor que el que vende en la tienda. Hay gente que considera suya una parcela de tierra que nunca ha visto ni pisado. Hay gente que llama suyos a hombres que jamás ha visto; y toda su relación con ellos consiste en hacerles daño. Hay hombres que llaman suyas a algunas mujeres, pero esas mujeres viven con otros hombres. En la vida los hombres no se preocupan de hacer el bien, sino de poder llamar suyas al mayor número de cosas.

Otros relatos absolutamente imprescindibles son ‘Cuánta tierra necesita un hombre’ (con cierto aire moralizante, pero de una belleza sobrecogedora), ‘Los dos ancianos’ (hermosa lección de humanidad), ‘Amo y criado’ (fabuloso ejemplo de esas naturalezas humanas que Tolstói tan bien fue capaz de plasmar) o ‘El diablo’ (de nuevo las relaciones humanas como ejemplo de lo peor y lo mejor). Quizá casi todos ellos, mejores y peores, pequen de esa dosis de proselitismo religioso de la que hablé arriba, pero es innegable que el talento del ruso convirtió buena parte de ellos en obras maestras que cualquier amante del género breve debería leer. Una obra imprescindible… con matices.

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