Guerra y paz – Lev N. Tolstói
8 de Noviembre de 2006 por Sra. Castro
¿Puedo decir una vez más que es necesario e imprescindible leer a los rusos? No sé cuántas veces he escrito esta misma frase en otros comentarios a otras lecturas, pero no me cansaré jamás de repetirla. Y es que con cada nueva lectura de uno de los clásicos rusos, Chéjov, Dostoievski, Gógol, Tolstói… más patente me resulta el hecho de que la literatura de estos autores es insuperable.
“Guerra y paz” (1869), del ínclito Lev N. Tolstói, es un clásico de la literatura universal cuya lectura no defrauda y cuya fama hace justo honor a su grandeza. Sumergirse en su lectura es sumergirse hasta el cuello en un delicioso baño de excelente literatura. Las mil historias que se desarrollan en sus páginas, la hondura de los planteamientos morales o sociales que se plantean, embargan al lector, lo elevan en un torbellino que sólo lo devuelve al suelo al concluir la última página. Es uno de esos libros que, al terminarlos, provocan deseos de abandonar la vida de lector, pues ya nada estará a la altura de lo que acabamos de leer.
“Guerra y paz” narra las vidas y vicisitudes de los componentes de varias familias aristocráticas rusas entre 1805 y 1815, durante las guerras napoleónicas. El libro alterna la descripción de la brillante pero tal vez vacía vida de la aristocracia moscovita y peterburguesa: las cenas, los bailes, las partidas de caza, con la dura pero feliz vida en el frente, con precisas descripciones de las batallas de Austerlitz y Borodinó.
Pero naturalmente, la novela va más allá de la mera descripción costumbrista y brillan en ella las disquisiciones morales, a veces puestas en labios de los personajes, a veces en boca del propio autor. Agrada la mezcla acertada de cierto pesimismo que transpiran los personajes, que se muestran insatisfechos, desilusionados, incluso cínicos; con la idea de que a pesar de todo, la esperanza subsiste y el hombre jamás se puede librar de ella, pues siempre, entre las ruinas de sus ilusiones, encuentra los materiales con los que construir ilusiones nuevas.
Lo grandioso, en mi opinión, de los rusos, es la absoluta sencillez con la que saben reflejar la esencia del hombre, con todo lo bueno y malo que en nosotros hay. De tal manera que cualquier lector que se acerque a su obra puede comprender y reconocerse.
Resalta en esta obra el marcado carácter antibelicista de la misma. Tolstói conoció de primera mano las miserias de la guerra y tanto en “Guerra y paz” como en otras obras, plasmó la idea de lo atroz de enfrentar hombres contra hombres en aras de unas ideas que ni sus propios promotores alcanzan a comprender. En la novela, Tolstói promulga la idea de que toda la historia de la humanidad es fruto del más puro azar. Las grandes batallas que el autor describe son igualmente fruto del azar y su explicación sólo puede ser dada a posteriori, a la luz de los acontecimientos ya acaecidos. Entonces es cuando los generales y próceres de la patria arriman el ascua a su sardina para dejar constancia de su saber hacer y conseguir medallas y méritos. Para Tolstói, los verdaderos héroes de toda guerra son los soldados anónimos que pusieron sus vidas en manos de la fortuna para el desarrollo del acontecer histórico, que sangraron, sudaron y temblaron, pero de cuyos esfuerzos la Historia no tomará constancia.
No quiero cerrar esta ya larga reseña sin dejar constancia de la pésima traducción de Mondadori, a cargo de Gala Arias Rubio, y de la necesidad de que ésta y otras editoriales cuiden más sus ediciones. Permitidme que usurpe el papel del Consumidor Irritado, para decir indignada que no está de más pagar a un corrector de estilo y a otro ortotipográfico que pulan los textos, de manera que éstos no sean una ofensa para el lector. Más aun cuando no es esta una edición de bolsillo, antes al contrario, por lo que creo que un poquito de calidad es perfectamente exigible.
Leed “Guerra y paz”. Pero buscad una edición que no sea la de Mondadori, pues la pésima traducción hace que se pierda mucha de la belleza de sus páginas.
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Me parece alucinante la ligereza con la que la autora de esta reseña juzga la traducción de Guerra y Paz sin siquiera tener claro que la obra de Mondadori no es una traducción de la novela definitiva de Tolstoi. Según estudiosos del tema y como dice la editorial en la introducción y en la cubierta se trata de una especie de prototipo o primera versión de la novela (mucho menos extensa e incluso con un final diferente) que Tolstoi completó tres años antes de acabar definitivamente la novela.
Además me gustaría saber los conocimientos de ruso que tiene la Sra. Castro como para juzgar tan a la ligera la traducción, me gustaría saber las horas que ha pasado leyendo Guerra y Paz en su lengua original como para juzgar si la labor de corrección de estilo de una novela de esta entidad es correcta o no.
Existen varias corrientes dentro de la traducción, unas son más partidarias de adaptar el texto lo necesario hasta que como decían en otro comentario parezca que esta escrito en la propia lengua de destino y otras son partidarias de mantener en la medida de lo posible el estilo del autor incluyendo las estructuras y giros propios de la lengua origen aunque al lector le puedan resultar un tanto extraños.
El lector no especializado suele identificar inmediatamente este tipo de traducciones como erroneas pero en la actualidad dentro del mundo de la traducción literaria se estima más este tipo de traducción que el otro que es más propio de épocas pasadas.
Tolstoi como saben los estudiosos de su obra no es famoso precisamente por la precisión y limpieza de su prosa, los factores que le convierten en uno de los grandes genios de la novela son otros y por tanto una traducción fiel de un original de Tolstoi (máxime cuando se trata de una obra sin acabar, sin pulir) no tiene porque destacar por su corrección o exactitud, si la traducción resulta así será porque el traductor de alguna manera está engañando al lector.
Sería deseable que las personas que se dedican a la crítica-reseña de libros tuviesen el suficiente nivel como para juzgarlos con criterio y si no siempre queda el recurso de “opinar”. La opinión es libre pero no debe ser nunca tan categórica.
Un saludo.
Apreciado Vladimir
Sin pretender demostrar una erudición que no poseo, sí puedo hacer gala de mi propio criterio para juzgar que la traducción de la obra me parece muy poco literaria. Si esto es fruto de una nueva escuela de traductores que prefiere ser más fiel al texto, prefiero entonces la vieja escuela, que pulía los textos (no creo que eso sea exactamente falsearlos), hermoseándolos.
Por desgracia, yo sólo leo en castellano. Y cuando lo hago, me gusta que las estructuras sintácticas, los giros del lenguaje y demás, sean los de mi idioma. Soy consciente de mis limitaciones, pero me resultaría muy fatigoso aprender ruso, inglés, francés, italiano, alemán… y además permanecer al día de las distintas tendencias que se dan en el mundo de la traducción. Todo eso me dejaría poco tiempo para leer, que es lo que de verdad me gusta.
Y usar mi criterio de lectora (sólo lectora, lo sé y lo acepto) para decir lo que me ha gustado y lo que no de cualquier obra, me parece perfectamente válido para ser lo categórica que guste. Lo cual no es óbice para apreciar su comentario y agradecerle las enseñanzas que aporta sobre Tolstói y sus traducciones.
Un saludo muy cordial.
Más que agradecerme las enseñanzas apreciaría que en su reseña informase de forma fidedigna de la naturaleza de la versión que ha leído.
Con esto quiero decir que un lector que por ejemplo busca a traves de google sobre “Guerra y Paz” se encuentra con esta reseña lo que puede sacar en claro es que la edición de Mondadori es «una pésima traducción» de la que debe huir, cuando la realidad es que se trata de una versión distinta de la novela, usted debería informar al lector de que si quiere leer la novela publicada por Tolstoi en 1869 debe buscar otras ediciones y que si está interesado en leer una versión reducida o si se trata de un lector interesado en profundizar en el proceso de creación de una novela monumental la comparación entre esta versión y la canónica le puede dar muchas pistas. Luego me parece muy bien si usted quiere desaconsejar la traducción porque le parece demasiado literal y usted prefiere las traducciones más literarias, eso son comentarios anecdóticos que pueden enriquecer la reseña pero que no deben sustituir la información realmente interesante para el lector.
Muchas gracias por su atención, un saludo.
Por el contrario, creo que lo anecdótico son los datos que usted apunta. Aunque relevantes, a la mayoría de los lectores creo que les parecerán secundarios. Salvo estudiosos de la obra, no creo que a la mayoría de lectores “de a pie” le interese demasiado las distintas versiones o comparar una traducción con otra. Y, evidentemente, no creo que un estudioso de la obra de Tolstói acuda a solodelibros para orientarse o documentarse.
Esta es una reseña de una lectora para otros lectores, y por tanto no tiene ninguna pretensión de parecerse a una edición crítica. En ella hablo por tanto de lo que a mi entender son las virtudes de la obra y sólo en un par de párrafos desaconsejo la lectura de esta traducción concreta. Ir más allá me parece pertinente en un prólogo, pero no en una breve reseña.
Pero, precisamente por ello, siempre son bienvenidos comentarios como el suyo, que ayudan a completar y enriquecer la información (muchas veces pobre y siempre absolutamente subjetiva) que se aporta en las reseñas.
Por ello, muchísimas gracias por sus aportaciones. Un saludo.
Desde luego que usted como autora de la reseña puede destacar lo que le parezca porque como tal está respondiendo del contenido de la misma.
Si a usted le parece que a un lector ‘de a pie’ no le interesa saber que la versión de la obra de la que esta usted hablando es un borrador, una ‘rareza’ que no responde a lo que el propio autor decidió entregar al lector de manera definitiva, creo que se equivoca claramente. A cualquier lector le gustará saber si la obra que esta leyendo es la que el autor autorizó para su publicación o si es otra cosa, creo que ese es un dato esencial para juzgar esa obra.
De igual manera es esencial para juzgar la traducción o la edición del libro ya que es evidente que en el borrador de una obra existirán incongruencias y fallos que no se darán en la edición definitiva y que en ningún caso se podrán achacar al editor de dicho borrador porque si hiciese una labor de refinamiento del mismo estaría privando al lector del interés que tiene un documento de estas caracteristicas.
Veo que probablemente sus reticencias a la hora de aclarar ese punto van más por ese camino porque me parece que usted no esta por la labor de reconocer que quizá su juicio sobre esta obra en concreto estaba condicionado por el hecho de haber obviado ese detalle y ahora le cuesta reconocer que quizá a hablado de algo sin estar demasiado informada sobre el tema.
Y finalmente no creo que los comentarios sean el lugar idoneo para que el lector se informe de este tipo de cosas porque bien puede un lector leer la reseña y obviar los comentarios, especialmente los que esten en los ultimos lugares.
Estimado Vladimir,
le concedo que haber aclarado en la reseña que esta edición concreta de “Guerra y paz” corresponde a un borrador de la obra sería una información útil. En ese sentido, entono un mea culpa.
Ahora bien, cuando me refiero a que es una mala traducción lo digo porque me lo parece. No porque al tratarse de un borrador existan incongruencias o fallos que más tarde el autor pudo corregir; me refiero a que es una mala traducción porque (y ahora hablo de memoria, pues hace tiempo que leí la obra) usa un castellano pobre e introduce formas sintácticas que no se usan en esta lengua. Y eso creo que es un fallo achacable a la traducción, no a que el original sea un borrador.
Usted me dice que existe ahora una escuela que prefiere traducir literalmente del original, aunque eso suponga introducir incorrecciones en la lengua a la que se traduce el texto. Ya apunté en un comentario anterior mi ignorancia absoluta sobre ese tema. Pero en mi capacidad para distinguir incorrecciones en mi propia lengua, tengo absoluta confianza. Y en ella me baso para decir que la traducción no es buena.
El señor Vladimir parece que tenga algo personal que perder cuando la sra. Castro opina sobre la traducción de la versión de Mondadori sobre “Guerra y paz”. Para apreciar la calidad de una traducción a veces no hace falta saber el idioma de origen. Y más si ésta es mala de solemnidad. Cuánto se sufre con una mala traducción, de ésas que pegan continuas patadas a tu propio idioma.
Que la traducción de Mondadori es penosa es algo que ya he leído en varios lugares, por más que le duela a algunos.
Me encantó la de Lydia kúper para Mario Muchnik.
La indefensión del lector ante traductores mediocres es ciertamente lamentable y está bien que desde todos los frentes posibles se proteste. A ver si a algunas editoriales se les cae la cara de vergüenza al suelo y deciden dedicar un poco más de dinero a algo tan importante, que al fin y al cabo no es más que eso.
En cualquier caso, un blog no está obligado a poblar de ideas instructivas su espacio de expresión. Para eso ya hay metros y metros de estanterías en las bibliotecas. Esa palabra de dios a la que tanto se agarra el señor Vladimir para darle cuerpo a su berrinche.
…
Traducciones infames que se me vienen a la cabeza: Todo está iluminado (Lumen), Vida de Pi(Destino), El callejón de los milagros (Alcor), …
No tengo nada personal que ganar ni que perder. Simplemente soy una de esas personas extrañas que cuando ven a alguien opinar sobre algo que no sabe siente deseos de hacerle ver que no esta en lo cierto. Pero no se preocupe usted que cada vez somos menos.
Siento disentir de su opinión sobre las traducciones y la lengua de origen porque de las pocas cosas que pueden hacer que uno opine sobre una traducción sin haber leído el original requieren que al menos uno conozca la lengua de origen y pueda saber que el traductor ha caído en la trampa de los falsos amigos o en errores similares de traducción. Sin saber nada de ruso dificilmente se puede saber si una traducción de Tolstoi es buena o no. Hagan caso de Francisco Ayala (al que alguien ha citado en comentarios anteriores) y sus opiniones sobre las traducciónes de Cansinos Assens tantas veces vilipendiadas por personas que no sabían una palabra de ruso y que simplemente creían que el libro tenía que estar mal traducido porque autores tan grandes como Dostoievski o Tolstoi tenían que escribir mejor de lo que estaban viendo sus ojos.
Repito que no es la prosa preciosista y depurada el punto fuerte de obras como “La guerra y la paz” y es cierto que en otras traducciones se ha hecho un esfuerzo porque esto no se note pero que eso no las convierte en mejores porque son menos fieles al original aunque probablemente sean más accesibles.
En sus manos está el elegir entre lo que más les guste pero insisto en que una cosa es elegir y otra es hacer juicios de valor.
Un saludo.
Entonces, apreciado Vladimir, creo que estamos en el punto de partida y que ambos podíamos habernos ahorrado este largo cruce de comentarios. Y de hecho creo que ni siquiera estamos hablando de lo mismo.
Usted me dice que, cuando el traductor se ciñe al original, algunos lectores juzgamos que escritores de la talla de Tolstói no podían escribir así. Concedido que se prescinda de hacer el texto más literario. Pero, al volcarlo al castellano, creo que se debe respetar su gramática. A eso me refiero, y lo mantengo, con que la traducción no es buena. A que tiene fallos gramáticales, de sintaxis y hasta ortotipográficos (aunque eso ya no es culpa del traductor). E insisto por tanto en que el traductor no ha hecho una gran labor.
Y para distinguir eso, no me hace falta saber ruso. Me basta con saber castellano. Y, sobre esa base, emito un juicio de valor. De hecho, toda la reseña es un juicio de valor, con el que se puede estar de acuerdo o no.
Por eso creo que no hablamos de lo misno. Usted habla de si la traducción se ciñe o no al original. Yo eso no lo sé, y necesariamente he de fiarme de que el traductor haya hecho bien su trabajo. Desventajas de no hablar todas las lenguas, lo sé. Pero yo, por mi parte, hablo de una traducción que, aunque sea un calco del original, patea al castellano, lo que me parece intolerable.
Lamento que considere que hablo sin saber. Yo, por mi parte, le agradezco lo que con sus conocimientos ha aportado.
Buenos días:
hace cuatro o cinco veranos tuve la oportunidad de leer “Guerra y paz” en la traducción ya mencionada de Lydia kúper, encargada y publicada por El Taller de Mario Muchnik. Hasta entonces sólo había leído de Tolstói algunos relatos, fragmentos de su diario y la novela “Resurrección”. Tras las primeras decenas de páginas de “Guerra y paz”, en las que los personajes aún se están dibujando, su lectura me resultó apasionante. Sólo hacia los últimos capítulos cede Tolstói en su narración y se deja llevar por una serie de reflexiones sobre la historia, interesantes y bien formuladas, pero innecesarias para la novela y que, además, rompen el ritmo narrativo. Pequeñas concesiones en una de las mejores novelas que yo haya leído nunca. No comparto algunos criterios de esta edición, como el peculiar uso de las rayas en las acotaciones o el no uso de la cursiva en los textos en francés, porque, según Mario Muchnik, no hablamos en cursivas (tampoco hablamos con comas ni con tildes, ni con mayúsculas). Sin embargo, el texto de la traducción era un buen castellano, preciso y elegante. Si a algún lector le puede servir de algo tener en cuenta mi opinión o cotejarla con otras, le sugiero esta traducción de “Guerra y paz”.
Saludos cordiales. JM
Mario Muchnik dejó constancia de su aventura para editar “Guerra y paz” en un librillo que lleva por título justamente “Editar Guerra y paz”. Es una lástima que no todos los editores pongan el mismo entusiasmo y cuidado al traducir una obra extranjera, al editar un clásico extranjero.
La traducción de los clásicos (de cualquier libro, la verdad) es un hecho cultural de extrema importancia. Las editoriales deberían tomar conciencia de su importante papel como intermediarios y llevar a cabo su trabajo con el mayor de los respetos. Y los lectores deberían empezar a reclamar el derecho a leer traducciones a la altura de su alcance literario.
Es bonito, por ejemplo, que Alfaguara reconozca la trascendencia de traducir haciendo aparecer al traductor en la portada, pero creo que este detalle, que supongo que da prestigio a su empresa, debería estar secundado con una traducción a la altura. Ayer mismo terminé “El ruido y la furia”, de Faulkner, que esta editorial publica con la traducción de una tal Ana Antón-Pacheco. No sé quién revisó la traducción (que supongo que compraron a Cátedra, porque es la misma), pero, en el extremo de su tortura, llegué a contabilizar 24 casos de laísmo en ¡10 líneas!. Los cientos de casos restantes se reparten al voleo por las 350 páginas que tiene la novela. Es cieramente muy bonito.
Recomiendo “Editar Guerra y paz” a los lectores no políglotas. Su efecto es terapéutico.
Pero, Monopoly, tienes que entender que los laísmos de El ruido y la furia no son un problema de ignorancia de la traductora, sino que ella ha intentado verter al castellano el complicadísomo estilo de Faulkner. Y algunos personajes no hablan un inglés correcto, por lo que al trasladar al castellano los diversos idiolectos, la traductora intenta hacer ver la clase social a la que pertenecen cada uno de los personajes y el nivel de educación que tienen. Y, por cierto, esta traducción fue finalista del premio nacional, así que no debe ser tan despreciable como dices… Otra cosa más, no escribas cartas anónimas a “una tal Ana Antón-Pacheco” poniéndola verde, porque, aparte de hacer el ridículo mostrando una ignorancia sublime por tu parte, no te haces idea de lo que nos hemos reido a tu costa. Deberías tener el valor de firmar. Conociendo a Ana, estaría encantada de hablar contigo de ésta y otras muchas y espléndidas traducciones de las que es autora.
Compton: No conviertas en mérito algo que es manifiesta deficiencia de la tal Ana Antón-Pacheco. Si de verdad los casos de laísmo fueran un intento de traducir al español el difícil idioma de Faulkner se relegarían a un personaje o varios, y no inundarían toda la novela, incluso cuando es el narrador el que habla. Pero bueno, quédate tú y tus amiguitas riéndoos mucho de que alguien no conozca a la reina de vuestra camarilla. Qué prepotencia la de vuestras esferas. Si te hubieras leído el libro, quizá serías más prudente y menos prepotente a la hora de valorarlo. Repito: una torpeza enorme lo del laísmo en esta novela, desliz evidente de la traductora, más
que torpe intento de volcar particularidades de un idioma a otro. ¡A ver a que castellano parlante se le ocurre asociar laísmo a gente del sur! ¿No era el sur el mundo que Faulkner escogió como universo novelesco? Y por último: no me reproches el alias firmando tú de la misma manera. Hale, saludos a tu amiguita, personalidad famosa donde las haya.
No voy a opinar aquí sobre el desacierto o no de las traducciones de “Guerra y paz”.Quiero solamente expresar mi descontento y desilusión ante lo que ha sido la compra de “Guerra y paz”de Tolstoi.Hace tiempo que deseaba leer el libro y esperé la ocasión propicia para hacerlo.Tenía pensado adquirir una edicón de calidad para comprender bien todo el contenido de la obra.He aquí mi gran sorpresa y desilusión al comprobar que antes de llegar a la página 100 del libro, todas esas páginas se iban desprendiendo como si fueran arrastradas por un gran vendabal. El editor, Mario Muchnik, asegura en la última página el voluminoso libro que éstas “están impresas en papel (…) muy opaco y de alta calidad (…)el libro resulta a la vez barato, robusto y dócil al manejo”.
Pues bien,de nada sirven todas esas excelencias cuando las hojas se desprenden del tomo con tanta facilidad.Este hecho no me había ocurrido ni siquiera con las ediciones baratas compradas en mis años de juventud. Si bien es cierto que el papel utilizado para la impresión es de alta calidad, no lo es que la edición sea barata ni “dócil al manejo” teniendo en cuenta lo que ya he relatado.
Hubiese sido una edición casi perfecta, de haber hecho una impresión también de calidad, esto es, cosiendo los pliegos y no cortádolos y pegándolos directamente sobrel el lomo.Lo cierto, es que, esto le resta todos los aciertos a la edición ( la traducción fiel del ruso,texto completo, etc). Ni siquiera las ediciones de kiosco, ni las de las tienas de segunda mano son tan pésimas como ésta.
En vista de este suceso, he pensado devolverlo y exigir el importe abonado, pero es cierto que es más fuerte mi deseo de leerlo y me conformaré con expresar aquí, de esta forma, mi descontento y de paso, prevenir al lector sobre la compra de esta edición.
“Guerra y paz” edición Mario Muchnik, rústica 26,50 euros.
He leído la polémica en torno a la obra de Tolstoi. Me dispongo a leer una reciente edición (o reedición) de Grandes Clásicos Aguilar donde se asegura que es una “Versión directa del ruso, prólogo biográfico y notas por IRENE y LAURA ANDRESCO” y “con un estudio grafológico del autor por MATILDE RAS. Me gustaría leer algún comentario respecto de esta edición.
Respecto de la polémica sobre las traducciones, más allá de las razones de unos y otros, me parece un regalo de la vida poder estar discutiendo en torno a las traducciones. He disfrutado mucho leyéndolas. Afectuosos saludos a todos !!!
Hola a todos:
Yo personalmente prefiero la postura sobre la traducción que defiende Vladimir, pues una “buena traducción” que se preocupa más por cierta pulcritud en el idioma al que se traduce tiende a perder las cualidades y la riqueza misma de las versiones originales, a tal grado que el resultado muchas veces es que leemos más bien al traductor, pero el autor se ha perdido. Admito que las dos posturas tienen sus pros y sus contras y son válidas ambas (lo que Vladimir según entiendo también acepta). Ahora bien, me gustaría leer en este espacio comentarios sobre qué traducciones de La guerra y la paz se consideran buenas y por qué. ¿La de Mario Muchnik, la de la Editorial Aguilar, o alguna otra?
Un abrazo.
Soy librero. En referencia a la entrada de Sara, deseo indicar que la edición de Mario Muchnik se tiró en dos encuadernaciones distintas. Una, en efecto, se deshojaba; se trata de la rústica de tapa blanda, de hojas encoladas. La otra encuadernación, de tapa dura y cosida, es impecable y corrige ese lamentable defecto. El precio no varía apenas.
el idioma ruso simplemente está imposible de traducir en su conjunta significación
Estoy leyendo esa magnífica obra de Tolstoi. Como a muchos, la buena publicidad en revistas literarias me inclinó por la adquisición de la edición del Taller de Muchnik. Edición en tapa blanda, 25 €. Mientras leía la segunda parte empezaron a despegarse las hojas. Al llegar a la tercera parte el libro se iba partiendo y las hojas caían cual hojas otoñales… En la librería donde lo compré -Casa del Libro (Barcelona)- muy amablemente me dijeron que pedirían a la editorial un nuevo ejemplar. Pasados los dias sin respuesta decidieron devolverme el dinero porque la editorial -un prodigio de excelencia empresarial según la prensa ya que la editorial, dicen, es un solo hombre, el sr Muchnik- no respondía a su petición, es decir, no se hacía cargo de su mal encuadernado libro.
Resulatdo: librería Casa del Libro, bien ; Taller de Mario Muchnik, mal.
Y también estoy de acuerdo con lo que se ha dicho en este foro sobre la no traducción de las frases en francés. Es ridículo no traducirlas. Quizá la traductora sólo cobraba del ruso. Tan ridículo como lo de que “no se hable en cursivas”, un snobismo como otro.
Al final compré la edición en tapa dura de Edicions 62, pero claro, traducida al catalán. Y me parece perfecta. Bien traducida y la hojas no se despegan, por 23 €.
ya que quiero entrar con buen pie en la literatura clásica rusa… ¿alguien podría aconsejarme una buena edición (especialmente a nivel de traducción) de “guerra y paz”?. Muchas gracias
Cualquier editor por joven e inexperto que sea sabe perfectamente que una obra del tamaño de ‘guerra y Paz’ no se puede encuadernar con la técnica de ‘fresado y pegado’ es más que evidente que el sr. Muchnik sabía que al libro se le desprenderían las páginas. El problema es que la diferencia de precio en la encuadernación entre el cosido y el fresado es bastante.
Yo creo que la lógica dice que en un libro de ese número de páginas ni siquiera se debería haber planteado la idea de no coser los cuadernillos. Especialmente Mario Muchnik que habla del amor y del cuidado que pone en cada uno de sus libros, etc…
Pura palabrería y marketing. la realidad es, como se puede ver, otra.
hmmhu33, gran parte del debate del foro gira en torno a lo que preguntas. Léetelo y decide tú mismo.
He disfrutado mucho de estas opiniones sobre las traducciones en general y sobre las de “Guerra y Paz” en particular. Me agrada leer una opinión inteligente. Tal vez disienta de algunas, pero la mayoría están, a mi simple juicio, muy bien escritas.
Vivo en Bogotá (Colombia) y asisto a un grupo de lectura guiada. Por estos días estamos leyendo, precisamente, Guerra y Paz. Mi fuente de libros ha sido, y seguirá siendo, la biblioteca pública.
Ignorante de las opiniones sobre versiones empecé a leer la traducción de Zoe Godoy. Esa, simplemente, no se la recomiendo a nadie.
Cambié entonces de versión para leer la traducción de Gala Arias. Tuve que volver a empezar. La verdad, y como la única comparación que tenía era la de Zoe Godoy, me gustó y continué leyéndola hasta que se agotó el tiempo del préstamo. No pude renovarla y tuve que optar por la única otra que había disponible: la de Lydia Kúper.
Lo que resulta evidente, y esto es sabido por todos, es que la Guerra y Paz de la traducción de LKúper es un libro diferente de la traducción de GArias. La traducción de LKúper es como un acorazado: de grandes dimensiones y sin fisuras. Es un libro delicioso de leer, los personajes están más a la mano y son más complejos, se conocen más. Y las digresiones del autor son más frecuentes y enriquecedoras que en la otra versión.
Por eso, lo único que puedo decir es que la traducción de LKúper corresponde más a la idea que tenemos de Guerra y Paz. Es una traducción ajustada a su relevancia. La de GArias es una traducción de un libro diferente, previo, interesante para algunos por su valor histórico, pero que no se compara con la obra terminada.
Buen día para todos.