El socio – Joseph Conrad

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El socio - Joseph ConradCuando comentamos “El regreso” ya hablamos de la maestría de Joseph Conrad para tratar situaciones más o menos estáticas, pero cargadas de sentimiento y conflicto psicológico. Algo parecido ocurre en “El socio”, un breve relato que explota ésa y alguna otra de las características más recurrentes del escritor a la hora de crear sus obras. Por ejemplo, la superposición de narraciones, al igual que en “El corazón de las tinieblas“: en este caso, la historia principal es referida por un escritor que conversa con un viejo marinero en el puerto de Westport, el cual fue testigo de los hechos que conforman el auténtico corazón del cuento.

La trama, por lo demás, es muy sencilla: un buscavidas llamado Cloete consigue hacerse socio de un par de hermanos, George y Harry Dunbar, negociante el primero y capitán de barco el segundo; dado que los beneficios de los Dunbar son escasos, Cloete propone a George que se aventuren con un negocio de medicamentos, pero éste se opone. El rufián, ansioso de dinero, le sugiere un plan para hacerse con un pequeño capital y usarlo como inversión: hundir el barco de su hermano Harry, el Sagamore, y cobrar el seguro. Tras un periodo de dudas, Cloete contrata a un oficial retirado y pendenciero para que se una a la tripulación del navío y lo sabotee para hundirlo; el secuaz cumple su cometido y el barco encalla frente a la bahía de Westport. Sin embargo, durante la operación de rescate de los tripulantes se producirán los hechos que desembocarán en la muerte del capitán Harry Dunbar, aparentemente por suicidio…

No revelaré aquí el final de la historia, que tiene un cierto tinte de misterio. Conrad refleja las pasiones humanas con sencillez y de forma muy clara: tanto, que el efecto sorpresa con el que pretende coronar la pieza se ve menoscabado por la evidente actuación de los personajes. La pretensión del autor por reflejar esas dobleces de toda alma juega a favor y en contra: por una parte, algunos caracteres se descubren muy humanos (George Dunbar, dubitativo y apocado, sincero en su afecto por su hermano, pero incapaz de resistirse a las maquinaciones de Cloete), mientras que otros no dejan nada a la imaginación y actúan siguiendo unos instintos demasiado predecibles (Stafford, el bellaco que recibe el encargo de hundir el Sagamore, es un protagonista plano e insípido). El resultado es un relato con escasa tensión, lastrado por una estructura que corta el ritmo y no favorece la lectura; lo que en historias más largas puede dar buen resultado, en una pieza breve se malogra, dividiendo la narración en fragmentos que, en lugar de suponer un alivio dramático, cercenan el crescendo narrativo al que aspira el autor. Incluso el efecto final, que pretende resultar sorpresivo y revelador, apenas si es lo primero y no tiene nada de lo segundo; el lector, a las pocas páginas, ya se imagina qué puede suceder y cómo acabará sucediendo.

El talento narrativo de Conrad salva un tanto la situación y da lustre a un relato que, por lo demás, poco tiene que ofrecer. Los personajes tienen cierto carisma, pero parece que necesitaran de un espacio mayor para dar rienda suelta a sus pasiones y comportamientos. Mientras que en “El regreso” la emoción era palpable y los protagonistas muy definidos, en “El socio” ocurre casi lo contrario: la tensión dramática decae a cada página y los caracteres se desdibujan visiblemente. Una muestra evidente de que la genialidad no trabaja a tiempo completo y que no tiene sentido si no tiene una buena historia entre manos.

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