Francia combatiente – Edith Wharton

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Francia combatiente - Edith WhartonFrancia combatiente no es en absoluto, a pesar de  su título, un libro bélico. Escrito para los civiles que trataban de continuar con su vida en un continente en guerra, Edith Wharton consigue presentar en él la contienda con un rostro, si no amable, sí al menos en absoluto truculento.

Gracias a un salvoconducto la norteamericana pudo visitar la primera línea de batalla, sin embargo describe su visita al frente en los mismos términos que usaría para narrar una excursión campestre en un día de verano. Pero es gracias a ese tono que se aleja de la crispación como el texto logra alcanzar un equilibrio perfecto entre lo hermoso y lo trágico. Edith Wharton nos describe la tierra arrasada por la guerra no desde el punto de vista de una patriota o de una antibelicista, sino sencillamente desde el punto de vista de una esteta.

La destrucción de los pueblos entre los campos sembrados de trigo, las ruinas de una casa bombardeada que emergen de un jardín florido, la costura de una trinchera en la falda de una montaña, presentan un contraste que impacta a la autora. De alguna manera, ésta pone el acento sobre la belleza que sobrevive, en un intento de subrayar la esperanza, antes que en la destrucción y el horror.

La esperanza brilla también en la manera en que los ciudadanos tratan de continuar su vida bajo la metralla, en las personas que retornan a los pueblos devastados para ver jugar a sus hijos entre los escombros. Edith Wharton deja asombrada constancia de la fortaleza del pueblo francés: sin asomo de ramplonas manifestaciones patrióticas, cada francés está dispuesto a cualquier sacrificio para defender Francia del invasor. La consigna tácita parece ser «luchar hasta el final» y la asunción de la misma por parte de cada ciudadano les reviste de una serenidad y dignidad singulares.

Pero si bien esta visión del frente puede tomarse como un intento de mantener alta la moral de la ciudadanía en la retaguardia, peca por presentar una imagen demasiado idílica de la contienda. A pesar de la descripción del rugir de los cañones por encima de su cabeza o del bullir de las tropas en los campamentos, la narración desprende un halo de placidez poco bélico. Sólo las primeras incursiones de la autora en el frente presentan imágenes terribles de hombres heridos sobre montones de paja en improvisados hospitales de campaña, o de las largas marchas de los soldados en medio del barro  hacia las trincheras.  Más adelante la narración vira hacia una contemplación estética del campo de batalla que pone de manifiesto que, si bien Edith Wharton no es una reportera de guerra, si goza de una exquisita sensibilidad para evidenciar la hermosura de todo aquello por lo que el hombre lucha y, paradójicamente, destruye.

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2 Comentarios

  1. No conocía esta obra de Wharton, y la leí tras la feria del libro. Quizás, acostumbrados a sus novelas más tradicionales, sea un libro diferente. Pero Wharton logró seducirme como siempre. La portada es muy bonita, y el libro no defrauda. Gracias por la crítica.

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