Ciberíada – Stanislaw Lem

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Ciberíada - Stanislaw LemEn Ciberíada lo de menos es el género literario que Stanislaw Lem utiliza para contar sus historias; si bien se enmarcan dentro de la ciencia ficción, en este caso ese rasgo es casi inapreciable si tenemos en cuenta el desarrollo de los relatos que componen el libro. Lo que el autor polaco plantea en esta obra es una vuelta de tuerca al género del relato filosófico o de ideas, un modelo narrativo muy en boga en los siglos XVIII y XIX, que el escritor renueva para adaptarlo a las características de la ciencia ficción.

Así pues, los cuentos que conforman Ciberíada no ponen el acento en los rasgos tecnológicos, los adelantos científicos, el descubrimiento de razas alienígenas o la colonización de nuevos mundos; lo que se expone en ellos son temas ancestrales como la envidia, la imaginación o el deseo, pero siempre a través de la mirada curiosa y extravagante de dos «constructores» cósmicos: Trurl y Clapaucio. Este par de ingenieros/inventores/exploradores del futuro viajarán por todos los confines del universo atendiendo llamadas de auxilio o encargos robóticos mientras dialogan —tanto entre ellos como con otros personajes— sobre todo tipo de temas.

Lem apenas presta atención a los elementos propios del género de la ciencia ficción, sino que los reimagina para adaptarlos al tipo de narración que plantea: un relato que aborda un tema de índole reflexiva (una emoción, un conflicto social, un dilema filosófico) a partir del diálogo, de la discusión, del pensamiento o de la experimentación. Por ejemplo, en la primera de sus aventuras los constructores llegan a un planeta dividido en dos estados rivales cuyos mandatarios les exigen mejoras en su armamento para vencer al adversario; merced a la aplicación de una curiosa receta, los protagonistas unen a todos los soldados de cada ejército entre sí mediante conexiones neurales, de manera que todas las mentes se fusionen para aplicar una disciplina militar perfecta. El curioso resultado es inesperado, pero muestra las consecuencias de la fraternidad en un contexto violento.

En otros relatos los protagonistas se topan con distintos problemas que plantean, a su vez, distintas aproximaciones filosóficas: desde la clásica necesidad de la imaginación para mantener el interés vital (al estilo de Las mil y una noches) hasta la aplicación de un castigo en forma de moraleja sociológica para un mandatario cuya vanidad está por encima de sus responsabilidades. En todos y cada uno de los cuentos se abordan estas cuestiones con una perspectiva socarrona, irónica, pero que esconde una mirada inteligente sobre aquello que nos hace humanos.

El hecho de que las historias se enmarquen en un contexto en principio extraño hace que su desarrollo estilístico sea tan curioso como apasionante. Lem es un escritor dotado para la plasmación de elementos extraños y las descripciones, por lo que la plasticidad y sensualidad de los relatos son encomiables. Aunque todos los textos encierran una profunda reflexión (que no una enseñanza; el narrador jamás se permite el lujo de juzgar o sentenciar), el estilo desenfadado con el que están narrados y los desopilantes acontecimientos consiguen que el lector participe de la experiencia sin resquemores. Algunas de las desventuras de Trurl y Clapaucio (como la «Expedición quinta, o las trabesuras del rey Balerión») son un desenfrenado compendio de locuras, dislates y chascarrillos. Sin embargo, también hay relatos cuya profundidad y emoción rebasa cualquier consideración satírica, como es el caso de «Altruicina», el hermoso cuento que cierra el libro y que toca algunos de los temas más sensibles para el corazón humano.

A todo ello contribuye el talento de Lem en el uso de un estilo que aúna belleza y reflexión, humor y profundidad. Con la mirada puesta en el cuento filosófico tradicional, el autor hace gala de un lenguaje rimbombante y colorista, muy apropiado para la especulación, pero también idóneo para la sátira y la caricatura.

Ciberíada es, pues, una muestra de la inigualable maestría de Lem a la hora de subvertir tanto nuestras expectativas como las convenciones del género, brindando una obra que, ante todo, es un bello canto al poder de la literatura y la imaginación.

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